Por Jorge Núñez
Poeta y periodista. Ex Coordinador del Consejo Municipal de Cultura de Gral. Pueyrredon
Este concepto tan interesante no se refiere al pueblo que habitó la costa de Canaán alrededor del 1200 AC. La idea de “moral filistea” corresponde al poeta Matthew Arnold que utilizó la palabra philistine (derivada del alemán Philister) para describir la vulgaridad, la falta de empatía y el desprecio al arte y la cultura. Lo definió en su obra “Cultura y anarquía” (1869), como una ácida crítica a la clase media victoriana, conservadora e hipócrita.
Las características descritas bien pueden encontrarse en distintas sociedades y diversas épocas. Pero lo realmente curioso sería que un pensamiento retrógrado encarnara aquí y ahora, cuando el mundo avanza velozmente en su desarrollo tecnológico y científico.
Haciendo un esfuerzo por suponer que la población fuese capaz de autoflagelarse con una bizarra corriente ideológica, caracterizada por su tendencia al exabrupto, discurso grosero y estrechez intelectual. ¿Cómo sería ese lugar? ¿Qué cosas podrían ocurrir?
Imaginen un país gobernado por un presidente de “falsa bandera”, comportándose como un fanático religioso y fundamentalista del mercado. Un líder que concentre poder para satisfacer sus ambiciones personales, y que producto de sus acciones otorgue beneficios y privilegios a su entorno, en detrimento de sus propios ciudadanos; y que además exalte los valores y creencias de otras naciones para bastardear las de compatriotas.
Sin dudas, tal individuo y sus secuaces, tendrían a la moral filistea como política de Estado, entendiendo que el cuerpo de su programa estará constituido por leyes que desapoderen a las mayorías, que favorezcan a las élites y que, finalmente, horaden la historia, la solidaridad, los valores sociales y espirituales, para someterlos a la mediocridad, la estupidez, la corrupción institucional y el abuso en todas sus formas.
Es difícil que semejante incongruencia se torne realidad, pero hay que estar prevenidos, porque es posible que suceda…
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.










