Cazador de
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Domingo - 25 de Marzo de 2007 13:28
Opresión y Masacre

Exactamente un año y un día después del golpe del ´76 y mientras hacía circular su última obra, caía emboscado uno de los hombres más lúcidos que ha dado la Argentina:Rodolfo Walsh. Ejemplo como escritor, como investigador y militante comprometido con la causa popular, había escrito lo que resultaría su testamento: “Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar”.

Con pluma quirúrgica realiza un balance de 365 días de gobierno de facto. El texto es en sí una pieza literaria magnífica, una hoja de ruta de su tiempo y un claro indicador del camino iniciado por el proceso. Walsh los desnuda y si bien superaba concreces a la media de la inteligencia normal elige hacer hincapié en cuestiones que afectaban la vida cotidiana de las personas que aún después de caída la dictadura, y en medio del “Nunca Más”, optaron por afirmar “Yo no sabía nada”, “Nunca me imaginé que pudiera haber pasado algo así” o simplemente “A mí nadie me molestó”.

El mártir afirmó que en sólo un año el proceso redujo el salario de los trabajadores al 40 por ciento disminuyendo la participación en el ingreso nacional al 30 por ciento, elevó la desocupación a la cifra récord del 9 pór ciento, redujo un 3 por ciento el PBI, consolidó una inflación del 400 por ciento y elevó la deuda externa a 600 dólares por habitante.

La década menemista (que en la continuidad de su política incluye los infautos 2 años de De La Rúa), concluye con salarios que representan el 16 por ciento del ingreso, una desocupación del 22 por ciento (+19 por ciento de subocupación), un PBI per cápita 15 por ciento menor a tiempos de Walsh y, mientras durante el primer año del proceso la brecha entre el 10 por ciento más rico es de 7 veces y media, ¡el meniemismo lleva ese número a 38 veces! La deuda externa que alertaba Walsh llega en 2002 a la baratija de 3.700 verdes por cabeza.

El estrechamiento de los márgenes para la tortura y la desaparición forzada de personas del proceso no impidió proseguir el camino iniciado por Martínez de Hoz y Videla con los gobiernos democráticos de Menem y De La Rúa lo que debe llevar a una reflexión obligada: los crímenes de la dictadura no eran un fin en sí mismo.

Ni el esperado encarcelamiento de todos los genocidas, ni aún sus muertes naturales, harán desaparecer una política que se agazapa, aguanta y espera la docilidad de un pueblo autista que considere LA MEMORIA como un tema de zurdos setentistas.

Marcelo Balbuena
militante

(La opinión de los columnistas no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General)