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Lunes - 20 de Julio de 2009 00:09A 40 años de la llegada del hombre a la Luna
La Luna y la historia de un viaje…

Por Claudia Pérez Ferrer, de Achernar, difusión de la Astronomía.

Quizás la Luna sea, luego del Sol, el referente más importante para la humanidad desde los tiempos más remotos.

Utilizada para la medida de lapsos de tiempo, desde los embarazos con sus dulces “9 lunas” a los primeros calendarios, muchos de los cuales se mantienen en uso.

Fuente de inspiración para escritores, poetas y novelistas. Compañera de soñadores, enamorados o antiguos cazadores; hasta se la asoció con algunos desequilibrios emocionales cíclicos (de allí el término “lunático”).

Tiene tantos nombres, casi como civilizaciones existen.

En la literatura, seguramente la asociaremos de inmediato a Julio Verne con su “De la Tierra a la Luna”. Sin embargo, ya a mediados del 1600, Cyrano de Bergerac había escrito “Viaje a la Luna”, en donde imaginaba un viaje a nuestro satélite natural ayudado de un cinturón repleto de pequeñas botellas que exponía al Sol y, al provocar eso un tenue vapor, comenzaba a elevarse llevando consigo al viajero, quien se alejaba más y más de la Tierra hasta alcanzar la Luna, lugar en el que luego mantenía los más extravagantes encuentros con sus habitantes, los de “aquel otro mundo”… (También imaginaba al Sol como “un mundo…”)

Cuatro siglos después, no ayudados por pequeñas botellas llenas de agua sino impulsados por un potente cohete de 111 metros de altura llamado Saturno V y que había costado muchos años de trabajos y pruebas, además de millones de dólares, tres hombres partieron rumbo a la Luna desde Cabo Kennedy, en la mañana del miércoles 16 de julio de 1969.

Atrás iban quedando los años de ensayos, no sin desilusiones y desgracias, como la ocurrida el 27 de enero de 1967, cuando durante una prueba en una cápsula, a causa de un cortocircuito, se prendió el oxígeno puro de la cabina y provocó la muerte de tres astronautas: Gus Grissom, Roger Chaffee y Edgard White, en el hecho que constituyó la primera gran pérdida para los astronautas norteamericanos.

En esta oportunidad, la noche anterior al despegue, los tres astronautas elegidos, Edwin E. “Buzz” (Piloto de la Fuerza Aérea EEUU) Aldrin; Michael Collins (Integrante de las Fuerzas Armadas de EEUU) y Neil Armstrong, (experimentado piloto civil, ex combatiente en Corea) habían cenado tranquilamente aislados (no podían enfermarse ni contagiarse nada antes del histórico vuelo) en compañía de las dos tripulaciones de relevo y el entrenador Donald Slayton.

Según cuentan, comieron lomo con papas, espárragos con manteca, queso de granja, frutas y “una bebida” - imagino yo que habrán brindado por el éxito de la misión…

El miércoles 16 de julio se presentó con una espléndida mañana de sol, aunque algo calurosa, en la que todo parecía salir a pedir de boca.

Sin inconvenientes, retrasos ni fallas, los tres astronautas se dirigieron seguros hacia el gigantesco cohete, en donde se instalaron casi acurrucados en los sillones del Módulo de Comando.

Finalizada la cuenta regresiva, la inmensa nave se elevó majestuosa, entre fuego y humo y fue cobrando altura ante la mirada expectante de periodistas, ingenieros, diplomáticos y público arribado desde los lugares más remotos del planeta, mientras las cámaras de TV acercaban las imágenes al mundo.

Como en una suerte de Torre de Babel, parecía que podían escucharse en la Base de Lanzamiento, todos los idiomas del orbe.

El cohete fue subiendo, haciéndose cada vez más pequeño, mientras era seguido por miles de ojos que lo acompañaron hasta perderlo de vista.

Los tres hombres estaban solos ya, comenzando el largo viaje de más de 385.000 Km. con una trayectoria, no rectilínea sino curva, que los llevaría a interceptar la Luna en su órbita. Sería una Luna nueva, que, para el momento del descenso, estaría con alrededor del 40 por ciento de su cara visible iluminada.

Quienes saliesen en la noche a mirar el cielo pensando en los astronautas, verían un brillante Júpiter de magnitud -1.8 y un Marte aún brillante, con magnitud -1.3, luego de su oposición del 31 de mayo del mismo año.

Un viaje sin inconvenientes, con los tres hombres compartiendo el reducido espacio de la nave de poco menos de 4 metros de diámetro, mientras sus ritmos cardíacos y respiratorios eran monitoreados desde Tierra gracias a las Grandes Antenas de Espacio Profundo alrededor del mundo, instaladas en España, Australia y, por supuesto, Estados Unidos, además de otras adicionales instaladas en embarcaciones para que, a medida que la Tierra girara, siempre hubiese alguna antena “escuchando”, recibiendo y enviando datos y órdenes.

Comiendo esas primeras comidas deshidratas, a las que debían “agregar agua caliente y amasar el envase tres minutos” (…suena muy tentador…) para luego cortar un ángulo de la bolsa y oprimirla en la boca para comer…

Por suerte, hoy día, las comidas para los astronautas son muy diferentes y han mejorado notablemente, en el intento de hacerlas lo más similares posibles a las que comerían en Tierra...

Para su primer almuerzo en el espacio, el menú consistió en duraznos (melocotones), “taquitos de tocino”, cubos de frutilla (fresa), uvas y jugo de naranja.

Durmiendo entre cables y bolsas, amenizando con mediciones de posición mediante las estrellas, observaciones y fotografías a la Tierra a medida que se alejaban e iban viéndola más pequeña, los hombres finalmente se separaron.

Armstrong y Aldrin se dirigieron al Módulo Lunar, al que llamaron “Eagle” (águila), mientras que Collins quedó en el Módulo de Comando y Servicio. Él, completamente solo, sería quién aguardaría orbitando la Luna, para luego volver a reunirse con los otros dos y regresar todos juntos a casa.

Luego de casi 103 horas de viaje y arduas maniobras realizadas en los últimos segundos por Armstrong (quien iba parado porque no había lugar para incorporar asientos…) tratando de evitar una zona excesivamente cubierta de cráteres que ponían en peligro la estabilidad del Módulo de descenso, se posaron suavemente en la Luna en la noche del domingo 20 de julio.

Alrededor del mundo, las radios y sobre todo los televisores (en blanco y negro, en la mayor parte del mundo) frente a los que se reunía la gente transmitieron cada detalle y siguieron atentamente las etapas y movimientos del histórico momento.

Un acontecimiento largamente soñado por la humanidad estaba a punto de hacerse realidad…

Las emociones se desgastan y hoy en día, quizás, en sociedades en las que el escepticismo se está volviendo casi un sinónimo de “inteligencia” y “superioridad intelectual” y lleva paradójicamente a que el hombre ya no crea en la capacidad del hombre, cuesta transmitirles a los más jóvenes los sentimientos que invadían a la población del mundo en aquel momento y, en definitiva, lograr que crean que el hombre llegó realmente a la Luna.

En aquel entonces, en la Luna, tres hombres completamente solos y a más de 388.000 Km. de casa, familia y amigos, se disponían a continuar con sus tareas.

Amstrong y Aldrin debían comer y luego dormir, echarse un sueñito antes de ponerse los trajes y poner pie en la Luna.

Como es de imaginar, esto no se cumplió, y, luego de analizar su estado físico desde la Tierra, obtuvieron el permiso para continuar con las tareas, postergando el sueño, lógicamente, para después.

Aún se preguntan ¡¿a quién se le ocurrió que los astronautas podrían dormirse una vez en la Luna y a sólo una compuerta de poder caminar sobre ella…?!

Colocarse los trajes no es tarea fácil, aún en la actualidad. Además, debían realizar la despresurización del módulo para poder abrir la compuerta y salir.

Recordemos que en la Luna no hay atmósfera, por lo cual no existe presión atmosférica. Entonces, si hubiesen salido sin un previo cambio gradual de presión, habrían sufrido las mismas consecuencias que los buzos cuando ascienden muy rápido de grandes profundidades; y si hubiesen salido sin su traje espacial, habrían explotado.

Esos trajes son una verdadera obra de ingeniería, que en aquel momento constaban de 15 capas diferentes que protegían al astronauta del calor, el frío y posibles micro-meteoritos que pudieran impactarle sobre el cuerpo. También proveían de la presión adecuada y agua para beber y protegían de la radiación solar y del espacio.

Botas, casco y guantes… todo estaba cuidadosamente realizado a la medida de cada astronauta. En otras palabras, la vida del astronauta dependía de esos caros y complejos trajes, que aún hoy son el sostén vital para los hombres que salen al espacio fuera de su nave.

Por fin, luego de alrededor de 6 horas de haberse posado en la Luna, cerca de las 3.30 TU de la madrugada del lunes 21 de julio, la compuerta se abrió y cautelosamente, Neil Amstrong descendió, no sin trabajo, y colocó su pie en suelo lunar, dejando su huella marcada en el fino y áspero polvo lunar.

Él fue el elegido por ser el único civil de la tripulación y dijo aquellas palabras que quedaron marcadas para siempre: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero es un gran paso para la humanidad”.

Recordemos que, dado que en la Luna no existe erosión por no haber atmósfera ni actividad geológica, las huellas pueden permanecer allí por miles de años…

Le siguió la instalación de las cámaras de TV, el descenso de Aldrin y casi tres horas de intenso trabajo, recogiendo muestras del suelo, rocas de diversos puntos y aspectos (según estimación de Armstrong unos 23 kg. en total).

Descubrieron una placa adherida a una de las patas de la base del módulo de descenso que quedaría en la Luna al regreso, en la que puede leerse: “aquí, hombres del planeta Tierra pusieron el pie por primera vez sobre la Luna. Julio de 1969 d. de C. Vinimos en paz en nombre de toda la humanidad”.

El mensaje contenía la firma de los tres astronautas y del entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon.

También dejaron instalados un sismógrafo, una “vela” para medir la radiación solar y un sistema de espejos para medir, mediante un láser, la distancia Tierra-Luna.

Las tareas no eran fáciles de realizar por el grueso traje, que en la Tierra pesaría unos 80 kg. y que incluían botas de plomo para contrarrestar la menor gravedad lunar que hace que todo allí pese un sexto de lo que pesaría en la Tierra. (Si usted quiere saber cuanto pesaría en la luna, divida su peso por 0.6…)

Los ritmos cardíacos eran seguidos atentamente por el médico de la misión. Las pulsaciones oscilaban entre 90 y 120 de acuerdo a la actividad, excepto cuando tuvieron que subir la caja con las muestras lunares, que estaba perfectamente sellada para evitar contaminaciones: las pulsaciones de Armstrong llegaron a 160 por minuto.

Luego de finalizadas las tareas, los hombres regresaron al Eagle, cerraron la compuerta y debieron aguardar pacientemente algunas horas a que se presurizara el módulo lunar, antes de poder quitarse el traje espacial para comer y ponerse a dormir durante 8 horas antes del despegue.

En realidad, tanto Amstrong como Aldrin no durmieron muy bien que digamos y lo hicieron lejos de lo que uno imagina para estos héroes, acomodándose en el suelo sobre lo que pudieron ( según cuentan, Armstrong sobre la cubierta de un motor y Aldrin simplemente en el suelo).

Todo salió como estaba planeado y regresaron sanos y salvos.

El descenso se produjo en la tarde del 24 de julio pero sólo para el Módulo de Comando, es decir, algo menos del 5 por ciento del inmenso cohete que había iniciado el viaje.

Ocurrió en el océano Pacífico, al sureste de las islas Hawai, 195 horas después de haber partido de la Tierra.

A una velocidad de 44.400 km/h la capa exterior (y protectora) por la fricción con la atmósfera alcanzó algo menos de 3.000ºC, ionizando el aire a su alrededor, lo que produjo una interrupción en las comunicaciones de poco menos de 4 interminables minutos…

Suspenso, emoción y ansiedad hasta que finalmente fueron avistados.

Los grandes paracaídas se desplegaron para frenar el impacto. Tocaron agua y se hundieron, pero de inmediato salieron a la superficie gracias a los flotadores que se inflaron automáticamente.

Ya sobrevolaba el Módulo un helicóptero del cual saltaron los buzos tácticos que colocaron una suerte de cinturón flotador adicional.

Los astronautas estaban en casa… Sin embargo, antes de abrazar a sus familiares, amigos y gente que los felicitaría, deberían pasar una cuarentena en previsión de posibles gérmenes que pudieran haber existido en la Luna y realizado el viaje con ellos…

La misión había terminado exitosamente y el mundo estaba realmente de fiesta.

Siguieron después 6 vuelos a la Luna, aparte de la famosa misión frustrada de Apolo XIII, es decir, que un total de 12 hombres caminaron por el suelo lunar instalando instrumentos y recogiendo muestras que suman un total de 382 kg.

En las últimas misiones, incluso, llevaron el famoso “jeep lunar”, que les permitía recorrer mayores zonas con menor esfuerzo. Pero claro, la mayoría de las personas ni siquiera saben o recuerdan que tantos hombres fueron a la Luna; esa apatía del público fue, en gran parte, lo que puso el punto final a las misiones.

Hoy en día, con otras expectativas y ambiciones, se planea volver a la Luna… y esta vez, para quedarse, construir bases lunares que sirvan de laboratorios y observatorios, instalar algunos grandes telescopios y utilizarla como punto de partida para más lejanas misiones a Marte, el próximo gran sueño.

Pero por siempre, en la memoria del ser humano, estarán los nombres de aquellos primeros hombres que pisaron la Luna, en representación de todos los habitantes de la Tierra…



 

Efemérides - 20 de Julio
1989Fallece el humorista y actor, Juan Carlos Altavista “Minguito”
Día de San Apolinario
Día del Amigo
Día Mundial del Ajedrez
1839Se publica en San Juan el periódico “ El Zonda”, redactado por Domingo Faustino Sarmiento
1858Nace Juan Vucetich, creador en 1891 del sistema de identificación por huellas dactiloscópicas, cuando era jefe de Estadísticas de la Policía de La Plata
1902Primer partido internacional del fútbol argentino: el equipo nacional vence al uruguayo 6-0, en Montevideo
1923Pancho Villa es asesinado en Hidalgo del Parral, Chihuahua, México
1938Nace la actriz, Natalie Wood
1944Una bomba intenta asesinar a Adolf Hitler en el cuartel general de las SS, en Prusia Oriental (sale ileso)
1947Nace el músico, Carlos Santana
1947Nace el periodista y militante del justicialismo, José Luis Ponsico
1956Nace el ex futbolista y hoy DT, Julio César Falcioni
1969El módulo de exploración lunar Eagle, componente de la nave Apolo XI, se posa en la Luna a las 15.17 (Hora en Houston,EE UU )
1973Muere Bruce Lee, actor y experto en artes marciales
1975Abandona el país, José López Rega el “Brujo”, ministro de Bienestar Social del gobierno de Isabel Perón
2002Schumacher se consagra pentacampeón de la Fórmula 1
2004Muere el bailarín y coreógrafo, Antonio Gades
2006La Provincia de Buenos Aires interviene el Consejo Escolar de Gral. Pueyrredon(Nora Estrada es designada interventora)
2014Falleció Julio Humberto Grondona
2017Se quitó la vida Chester Bennington, el cantante de la banda Linkin Park
2023Falleció en Mar del Plata el militante peronista, Edgardo Rubén Gabbin
2023Falleció en Mar del Plata el referente de la cultura nacional, Juan Pablo "Pupeto" Mastropasqua