Así lo destacó Nino Ramella, el jefe del Gabinete Social del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, en la despedida del director del Teatro Colón.
En declaraciones a Cazador de Noticias, el funcionario del gobierno de Scioli destacó: “lo conocía desde hace más de 30 años y no pudo dejar de reconocer su sabiduría. Muchas veces hemos discutido por distintos motivos, pero finalmente le tuve que dar la razón por todo lo que ha logrado”.
Y continuó: “tengo ganas de que la gente se quede con la idea de que Willy cierra la vida de una manera maravillosa, en un momento muy especial, donde parecía todo programado”.
“Hace una semana – recordó Ramella - la ciudad le hizo un homenaje en el Concejo Deliberante, que él mismo, casi con pudor, reconoció como el mejor día de su vida”. “Estaba muy agradecido, pero realmente lo merecía”, subrayó.
A colación, en tanto, dijo: “Mar del Plata es muy complicada para los afectos, pero con Willy fue distinta. Él, siendo de afuera, llegó y enseguida conquistó el corazón de la gente, con trabajo y esfuerzo”.
“Tenía a su mamá y a sus siete hermanos en Buenos Aires, pero su compromiso con el Colón era tan grande que sólo los visitaba para Nochebuena – apuntó - Llegaba el 24, a las 6 de la tarde, y ya el 25 a las 9 de la mañana tenía la necesidad de volver; puso su libido en juego y se casó con el Teatro”.
Al concluir, entonces, Ramella subrayó: “yo, como otros, recordamos cuando esta sala, hace no tantos años, exhibía cine condicionado. Pero la llegada de Willy transformó la historia por completo, devolviéndole a Mar del Plata un emblema de la cultura, un faro”.
“Hoy, la identidad local no se concibe sin pesar en el Teatro Colón, por lo cual considero que el mejor tributo que podemos rendirle es luchar para que siga funcionando y que nos despierte una sonrisa una vez que pase el impacto del golpe”, remató.











