Jóvenes en situación de vulnerabilidad social fabrican alimentos, los venden y juntan fondos para conocer el mar. Estimulados por el proyecto, muchos estudiantes dejaron de faltar a clases...
Alumnos de tercer año de la Escuela 25, sita en Rivadavia 102, de Tandil, desarrollan un exitoso programa de elaboración de pizzas, actividad que logró incrementar el régimen de asistencias.
Florencia Mena, directora de la institución, comentó los detalles de una experiencia que mezcla condimentos pedagógicos, laborales y de integración para los chicos, de entre 14 y 15 años.
Ellos mismos venden las pizzas y de esa manera juntan dinero para viajar a Mar del Plata.
El proyecto surgió en la clase de historia, con la profesora Analía Badone, quien inculcó en los alumnos la cultura cooperativa.
“En el barrio no existe una instalación contundente de la cultura del trabajo, y por eso estas actividades renuevan las expectativas con vistas a ganarse el dinero con el fruto del esfuerzo”, deslizó Mena.
Paralelamente, el cooperativismo “nos ayudó a eliminar muchos temas de violencia, empezaron a trabajar grupalmente, proyectan, se acompañan, hacen líneas de producción donde se arman grupos de trabajo, y se reparten las actividades”, explicó la directora, quien además valoró la colaboración destinteresada de Lucía Soler y Flavia Alaniz.
De los 15 pibes que participan del proyecto, algunos “no venían todos los días a clase, y a partir de esto, están mucho más interesados, les gusta trabajar, y además abordan muchos contenidos, como la matemática, la biología (fórmulas químicas de la cocina) y sociales”.
Se usan los hornos de la cocina (comedor) y los chicos reciben la colaboración de las porteras y auxiliares. A su vez, también interviene la profesora de Construcción de la Ciudadanía.
La producción se realiza todos los viernes, y por el momento fabrican 60 unidades, pero pronto planean llegar a 100.
“Los chicos consiguieron los moldes a manera de donación”, subrayó. Vecinos, negocios, profesores e inspectores compran los productos realizados por los alumnos.
De todos modos, el proyecto también demanda de la solidaridad ciudadana, pues si bien el Banco de Alimentos está aportando insumos como harina, levadura y salsa de tomate, “a veces nos falta para incrementar la producción”.
“El enganche de los chicos es bárbaro, son alumnos con altísimo riesgo social, algunos de los cuales atraviesan situaciones familiares delicadas y muchas carencias. La escuela está conteniendo esas cuestiones, y los chicos se dan cuenta que pueden salir adelante, que pueden expresarse y hacer cosas desde el apoyo mutuo”, evaluó la directora.
Fuente: La Voz de Tandil












