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Domingo - 01 de Mayo de 2011 22:40
“Tránsito: El caos o una solución sustentable”

Por Hernán Vela*

La mala noticia es que la congestión de tránsito es inherente a las grandes ciudades. El crecimiento urbano, el aumento de la densidad y la actividad comercial, el mejoramiento de los ingresos, la multiplicidad de ofertas laborales, comerciales, educativas y culturales de una gran ciudad implican que personas y mercancías se desplacen más y con mayor frecuencia. La buena noticia es que las ciudades son los lugares de mayores oportunidades, si bien albergan dentro de sí, paradójicamente, las más altas desigualdades.

Mientras tenemos más vehículos, más gente que se desplaza con mayor frecuencia, más mercancías que van de puerta a puerta, las calles y avenidas siguen siendo las planificadas cuando el ferrocarril era a carbón, casi no existía el automóvil, la verdura, legumbres y huevos se producían en el fondo de las casas y la población era de un décimo de la actual.

En otras palabras, el espacio de circulación tiene una demanda creciente y una oferta inelástica. El resultado inevitable es la congestión de tránsito. Asimismo, el paradigma de transporte que tenemos hoy, basado en el transporte individual con combustible de petróleo, es ineficiente y contaminante, responsable del 27% del calentamiento global; el resto se lo distribuyen la calefacción de las ciudades y la industria.

Este modelo ha entrado en crisis de diversas maneras en todas las ciudades del mundo y de diversas maneras, también, es repensado el sistema de transporte de las ciudades, mediante soluciones que van de la mano de los recursos de cada sociedad. El consenso mayoritario, consistente en un cambio de paradigma, se expresa desde dos vertientes que parecen divergentes que nosotros consideramos concurrentes. La primera hace foco en que la revolución digital hará obsoletos los desplazamientos, pues las personas podrán trabajar, comprar, educarse, relacionarse, entretenerse y hasta recibir asistencia médica desde sus casas, a través de la red, como ya lo hacen. Desde esta visión, el centro urbano y, por ende, la actual estructura de las ciudades, dejan de tener sentido.

Desde otra perspectiva, se ha de priorizar el espacio público como espacio de encuentro, estableciendo una jerarquía de preferencias de usos en los desplazamientos: primero, la “prioridad peatón” (que no significa necesariamente peatonalizar), el uso de la bicicleta como medio saludable y el transporte público de calidad, alta conectividad y no contaminante. Nosotros creemos que en el futuro las dos visiones se harán realidad y coexistirán.

Mar del Plata tiene la oportunidad de pensar y ejecutar un plan de movilidad sustentable, es decir un conjunto de decisiones que mejoren la calidad de vida de sus ciudadanos, mejorando la calidad del transporte público y reduciendo los tiempos de viajes, los accidentes viales y la contaminación ambiental y sonora.

En ese sentido, hay que priorizar el espacio para los peatones en el centro y los principales ejes comerciales. Asimismo, hay que ampliar el uso peatonal y recreativo de la costa, en especial en temporada y durante los fines de semana. Es necesario construir una red de bicisendas amplia y segura junto con un sistema de estaciones de bicicletas públicas. El sistema de transporte público debe tener carriles exclusivos, lo que reduce al 50 % el tiempo de viajes, con la reducción de costos y mejora de frecuencias. Se debe introducir un nuevo modo, conocido por sus siglas en inglés BRT (Bus Rapid Transit) o también un poco pretenciosamente como subterráneo de superficie (valga la contradicción en los términos), en forma de red en las principales avenidas estructuradoras de la ciudad, Independencia, Luro y Peralta Ramos, durante el verano. Estas acciones tienen que ser concebidas como un sistema: los semáforos, el estacionamiento en la vía pública, la señalización, el mobiliario urbano, deben estar subordinados al sistema, permanentemente monitoreado desde una central a tal fin.

La calidad de vida mejora no sólo al mitigar la congestión, reduciendo el tiempo de transporte y por ende incrementando el tiempo libre de los habitantes de la ciudad, sino al reducir las muertes y accidentes de tránsito. El ordenamiento del tránsito mediante el cumplimiento estricto de las normas vigentes y las que se dicten en el futuro, lejos de ser una imposición autoritaria, es un objetivo profundamente democrático, pues tiende a la protección del más débil. En efecto, privilegiar a los peatones, en especial a los niños y ancianos, por sobre los vehículos, está en la base del orden progresista de una sociedad republicana.

Con un sistema de movilidad sustentable contribuimos a tener un sistema más eficiente y menos dependiente de combustibles fósiles. La política actual de subsidios al gasoil para el transporte público no es sustentable en el tiempo. Muchas ciudades en el mundo son ejemplos exitosos, desde Montreal a Curitiba, pasando por gran cantidad de ciudades europeas, de este nuevo paradigma. No hay razón para que Mar del Plata no sea otra más en la lista. Un eficiente, sustentable y humano sistema de movilidad no sólo redunda en mejor calidad de vida para los marplatenses: es un activo y diferencial estratégico en un mundo en donde las ciudades compiten por atraer inversiones e inteligencia.
* Arquitecto (Universidad Nacional de Mar del Plata). Postgraduado en Harvard University, MIT y Universidad Politécnica de Madrid.
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