Ellos son los máximos responsables de devolverle el color a las calles de la ciudad cuando el frío y su opacidad pretenden seguir ganando terreno. En definitiva, comienzan a revivir como cada agosto y despiertan nuevas energías en la población, a sabiendas de que una nueva estación, mucho más amigable, está bien cerca…
Blancas o rosadas, y a veces mixtas, sus flores dan el presente en esta época y engalanan todos los rincones de Mar del Plata.
De norte a sur, de este u oeste, el ciruelo se luce en todos los barrios, sin discriminación, sobre el final del invierno. Así se convierte en un adelanto de los tiempos por venir, más cálidos y llenos de la vitalidad que ofrece el reino vegetal.
Ya sea dispersos en una sucesión de cuadras o hermanados en un rincón, entregan su magia y su fantasía, y, también, deleitan a los soñadores que, en medio de los avatares de la rutina, se detienen a sus pies y levantan la mirada para deleitarse con su sutil belleza.











