Cazador de
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Viernes - 04 de Octubre de 2013 11:50
“El Gobierno Nacional debe facilitar las importaciones destinadas a la producción”

Por Mario Mazzitelli.
Sec. Gral. Nac. del PSA
Candidato de Dip. Nac. de UNEN

Industriales argentinos nos hicieron llegar su enorme preocupación por el incremento de las trabas a las importaciones destinadas a la producción. Las consecuencias que esto puede acarrear son de enorme gravedad. Disminución de la producción o su paralización, fuerte impacto sobre los trabajadores ocupados, dificultades para pagar impuestos, impacto negativo sobre el mercado interno, entre otras.

1.- Uno de los mecanismos es: no autorizar la Declaración Jurada Anticipada de Importación (DJAI). Sin que medie una explicación racional y sin dar lugar a corrección alguna para el cumplimiento de los requisitos aduaneros; el industrial queda en una suerte de limbo sin poder dar cumplimiento a la provisión de insumos para completar la producción local.

2.- En otros casos, después de autorizar una Declaración Jurada Anticipada de Importación (DJAI), se traba el pago de divisas a través de un dispositivo del Banco Central. La metodología es buscar “discrepancias” respecto a importaciones anteriores. Así se utilizan argucias menores para dificultar la importación. Estas “discrepancias” pueden provenir de: diferencias con compras anteriores que se escalonaron por razones técnicas, pueden ser cuestiones administrativas en la confección de formularios ó diferencias insignificantes en el peso o en el precio. Todo es usado para fatigar al importador y observar si desiste de su compra.

3.- Las “discrepancias” son administradas desde el BCRA, y este dirige las requisitorias a los bancos que realizan la operación de comercio exterior. De esa manera queda inerme el poder político territorial; que tiene capacidad para salir en socorro de sus industriales cuando se trata de trámites de orden local, pero quedan marginados cuando la operación es entre el Banco Central y el banco a cargo de la importación.

4.- La secretaria de comercio –confundida- impulsa la sustitución de importaciones. Cuando en realidad lo que debe alentar es el incremento y la competitividad de la producción local. Si nuestra productividad mejora, no sólo somos capaces de abastecer el mercado local, sino de incrementar las exportaciones; mejorando la balanza comercial de la Argentina.

5.- Tan primitivo es el pensamiento de la “secretaría” que pasa por alto que son muchísimas las industrias que “para sustituir importaciones también deben importar”. Porque sólo una economía cerrada, atrasada e ineficiente puede pensarse sin dejar que los propios industriales encuentren los mejores proveedores para mantener, ampliar y hacer más competitiva su producción.

6.- Perdemos crédito comercial externo dificultando aún más la situación. Desde hace varios meses los proveedores del exterior empezaron a operar solamente con el pago antes del embarque. El temor que manifiestan es a que las trabas en el giro de divisas se acentúen hasta imposibilitar totalmente el pago. La desconfianza no es hacia el cliente argentino, sino al mecanismo restrictivo que puede llevar a secar de divisas las operaciones de comercio exterior.

7.- Quizás una restricción momentánea a la importación de productos suntuarios o de fácil sustitución por parte de la producción nacional, pueda aliviar transitoriamente la situación. Pero no resulta en una solución de fondo. Lo que hoy se requiere es que: el gobierno facilite las importaciones destinadas a la producción industrial argentina.

Comentario:

Sin lugar a dudas las restricciones que estamos viviendo son el fruto de políticas erradas. Los crecientes gastos destinados a la importación de “energía”, más el pago de la eterna y vieja deuda externa, generan desequilibrios que nos llevarán irremediablemente a una crisis. La fuga de capitales, la falta de inversión, el turismo en el exterior, resultan otros tantos elementos que empeoran el cuadro. El BCRA aparece cada día con menos reservas. Nadie habla de crisis, pero esta comienza a respirarse en el ambiente.

Para mantener este modelo –en el nivel de productividad que se tiene actualmente- el tipo de cambio se encuentra atrasado. Y las devaluaciones persistentes que viene administrando el Poder Ejecutivo no alcanzan a compensar el aumento nominal de precios. Hay que salir de esa trampa.

El primer valor a defender es el trabajo de nuestra gente. Y en el marco actual estamos entrando en una zona de turbulencias. Es necesario elaborar un plan económico que corrija los desequilibrios. No para realizar un ajuste –que resultaría nefasto en esta realidad-, sino para producir un relanzamiento productivo sustentable.

Algo huele mal en la economía argentina y el oficialismo trata de contrarrestarlo manipulando los números del Indec. Sincerarnos y trabajar mancomunadamente para resolver estos problemas, es una responsabilidad que nos compete a todos. La situación no da para mucho más y la producción debe continuar.
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.