Por Oscar “Coqui” Gastiarena
Periodista
Leyendo diarios, revistas y páginas electrónicas en Internet, escuchando radioemisoras o viendo por televisión la realidad argentina, al vecino común, sencillo y franco, lo asalta el temor de estar parado en el escorado Titanic. Borges llegó a decir “los peronistas son incorregibles”, la frase, añeja ya, podría actualizarse agregando “al igual que los políticos de la oposición”.
¿Estamos todos maniáticos, perturbados como para que sean pocos los que comprenden que en la República Argentina se produjo un “magnicidio”?.
Un magnicidio significó el inicio de la primera guerra mundial, por la muerte del archiduque Fernando Francisco, en Sarajevo, por ejemplo.
O los asesinatos de John Kennedy, Mahatma Gandi, Indira Gandi o el acribillamiento a tiros de Rabín, primer ministro de Israel; no necesariamente un magnicidio es el crimen de un gobernante o político; también lo es la conmoción que puede provocar el atentado contra John Lennon, Juan Pablo II o León Trostky. Una muerte que pone en peligro la paz pueblerina o planetaria.
Señores, en la República Argentina, hallaron muerto, sin que pasado un mes se sepa si fue crimen, suicidio o auto atentado inducido, al fiscal especial de la Nación, Alberto Nisman quien vivía las vísperas de la presentación en el recinto de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, donde denunciaría todo lo que había investigado para esclarecer el mayor atentado terrorista cometido en nuestro país, ocasionando la muerte a casi un centenar de inocentes que estaban en el edificio o pasaban a varios metros a la redonda de las instalaciones de la Amia, la mutual judía.
En la justicia argentina ¿qué es un fiscal? Un funcionario que investiga, indaga, busca, analiza, detalles relacionados con un hecho doloso, penal, económico, etcétera.
Nisman había anticipado que tenía pruebas que comprometían a Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de la Nación; al canciller Héctor Marcos Timerman; diputado nacional, Andrés Larroque; ex piquetero, Luis D”Elía; al jefe de Quebracho, Fernando Espeche; ex fiscal Héctor Yremia y al presunto agente iraní, Jorge Khalil., entre otros.
Y en las últimas horas de este “viernes 13 de febrero de 2015”, el nombrado reemplazante de Nisman, el fiscal federal Gerardo Pollicita, imputó a todos los citados, como participes en los hechos investigados.
¿Significa que son culpables?
No, ahora se inicia otra instancia: el fiscal y su equipo deberán aportar las pruebas y fundamentarlas. Un abogado defensor, las rechazará con contra argumentos y los jueces tendrán a su cargo escuchar, analizar y decidir: culpables o inocentes.
El gobierno se equivocó; para ser más precisos: “erró” la Presidenta de la Nación que, sintiéndose agraviada, injuriada, humillada y desató una andanada de críticas y acusaciones, seguidas y repetidas al pie de la letra, como un concierto de loros, por sus súbditos más que subalternos.
La democracia, la real, no la ficticia que utiliza los servicios de inteligencia para inventar causas y descalificar “enemigos políticos, o conocer subrepticiamente vida y milagro de políticos, gremialistas, empresarios, periodistas, etcétera, debiera funcionar como lo indica la Constitución.
A partir de ahora se abre la histórica causa.
Dos reflexiones: Al término “del debido proceso” se sabrá si los imputados son responsables; hasta que no se demuestre lo contrario, son inocentes.
Es la primra vez que, en la voluminosa investigación por el atentado terrorista, las cosas parecen ajustarse “a justicia”. Por esas y otras razones, crel, los argentinos debieran concurrir a la marcha de homenaje al Fiscal de la Nación, Alberto Nisman.
Si existiera una democracia de verdad, también, en esa manifestación, tendrían que hacer acto de presencia, gobernantes y seguidores…
Todo para dejar sentado que no siempre “el que calla (desaparece o se esconde) es culpable”.
Última acotación: Según la Constitución todos somos iguales ante la ley… (Y esto debieran saberlo los lenguaraces que todos los días hábiles se paran ante los periodistas para repetir lo que les ordenan…)
Todos a la marcha, como homenaje a Nisman y porque “nunca más” haya un magnicidio en La República Argentina.











