Ana Gallay y Georgina Klug ganaron la presea dorada en Toronto tras vencer en la final a las cubanas Lianma Flores y Leila Martínez por 21-17, 19-21 y 15-7. Es el 11° oro para el equipo nacional en los Panamericanos. Cuando no viajan por el mundo con el Tour Mundial Ana y Georgina viven y se entrenan en Mar del Plata.
“Todavía no caigo. Es un logro importantísimo que nunca pensamos en que íbamos a llegar a obtener. Antes de venir acá no se nos cruzaba llegar a tanto”, contó eufórica la entrerriana Gallay, ya con la medalla de oro colgada de su pecho.
Su compañera, la santafesina Klug, definió claramente lo que son como dupla y porqué ganaron: “Por los huevos. No voy a decir que somos cracks ni que jugamos bien. Le ponemos corazón y actitud. Hacés la comparativa físicamente con cualquier equipo del mundo y no tenemos chance ni tampoco experiencia, pero sí las ganas de ganar, la actitud ganadora y la mentalidad de ir para adelante”.
Según Gallay, “para el beach argentino esto es algo muy importante, están apostando por nosotros y era una responsabilidad. El Enard apoya mucho, más allá de si llevábamos medalla o no, pero queríamos mantener de alguna u otra forma lo que hicieron Suárez y Etchegaray hace cuatro años”.
La rubia de 29 años, profesora de Educación Física, se refería a la única medalla de bronce conseguida por el beach volley nacional en un juego Panamericano, el bronce de la dupla masculina conformada por Santiago Etchegaray y Pablo Suárez, en Guadalajara, México, 2011.
Oriunda de Nogoyá, Gallay -que compitió en Guadalajara 2011 con Virginia Zonta, con quien fue olímpica en Londres 2012- contó que “en mi pueblo, que tiene 40.000 habitantes iban a ver la final en pantalla gigante. Ahora deben estar todos de caravana, tomando alcohol, y yo acá. Esto se lo dedico a Nogoyá y también a mi marido, que debe estar contento por mí... Lo iba a ver solo el partido”.
Las argentinas, aseguraron que los hermanos Curuchet les prometieron una bicicleta para cada una si ganaban la medalla de oro. “Nosotras no hicimos promesas pero ellos sí, así que esperamos los bicis”, dijeron, con la sonrisa dibujada en la cara.
Además, comentaron que no hubo cábalas en su camino al oro, en el que superaron en una semifinal increíble a las brasileñas (levantaron un 12-7 abajo en el tie break) y en el que habían perdido con las cubanas finalistas por la fase de grupos.
“Soy re cabulera pero en el último Mundial (de Holanda, a principios de julio) tuve mil cábalas y nos fue re mal, así que para este me propuse no tener cábalas”, contó Gallay, y admitió que le costó dormir la noche previa a la final por el oro.
“Estábamos durmiendo con las chicas de golf, no me podía dormir, ellas se fueron a las 4 de la mañana y yo a las 7 parecía que me había ido a bailar”, agregó.
Klug sostuvo que, pese a cualquier dificultad, ella y Ana son iguales en carácter. “No nos gusta perder contra nadie, cuando perdemos nos calentamos entre nosotras, somos las dos iguales, tenemos la misma mentalidad deportiva”, explicó Geo, quien jugó durante muchos años en vóleibol indoor e incluso integró el seleccionado argentino.
“Hay muchos partidos que vamos abajo y no los damos por perdidos, seguimos adelante. Pasa mucho que en beach se termina muy rápido, un partido dura 40 minutos y si agachás la cabeza se te va en cinco minutos. Una muestra de la garra que tenemos fue la semifinal con Brasil que perdíamos por cinco puntos el tie break y lo levantamos por no bajar los brazos”, agregó la santafesina de 31 años.
Con la de Gallay-Klug, Argentina, que está en el séptimo puesto en el medallero, sumó su undécima presea dorada en una disciplina que es panamericana desde los Juegos de Winnipeg 1999.
Fuente: Télam












