Por Maximiliano Abad
Diputado provincial electo por Cambiemos
Provincia de Buenos Aires
El atropello no forma parte de las prácticas democráticas. Creer que se puede violar el orden normativo del Estado porque se tiene circunstancialmente el poder es algo con lo que el kirchnerismo ha pretendido acostumbrar a los argentinos. Ayer, en una maniobra que no dudamos en calificar de ilegal, la Cámara de Diputados aprobó la designación de Julián Álvarez y Juan Ignacio Forlón para integrar la Auditoría General de la Nación (AGN), el órgano de control más importante del Estado. Ambos son miembros de La Cámpora y hasta hace apenas unos días tenían cargos y candidaturas que nada tienen que ver con la responsabilidad que ayer asumieron. Esto demuestra, nuevamente, el oportunismo y la politiquería de amigos que define al oficialismo desde hace 12 años.
Si bien se violó el reglamento de la Cámara, porque el tema no estaba en el orden del día y se introdujo sin la aprobación de los tres cuartos de los presentes, el escándalo no es solamente normativo, jurídico o reglamentario. El fondo de la cuestión es el modo de ser de la política oficialista. En la desesperación por mantener la impunidad, ante el horizonte de cambio al que ya se encamina el país, en esta semana han sido capaces de todo: desde desintegrar la Sala de la Cámara de Casación que debía definir la validez del tratado con Irán por el caso AMIA hasta atropellar a la oposición dentro de la Cámara Baja al imponer con la fuerza de una mayoría automática la designación de estas dos personas en la AGN.
En estas prácticas queda demostrado lo que sostenemos hace tiempo. En la próxima elección no está en juego solamente el nombre de quien ejercerá la Presidencia, está en juego el privilegio de las libertades públicas por sobre el atropello del poder. Está en discusión la unión y la sensatez en lugar de la división y los abusos. Estamos frente a la necesaria reconstitución institucional de un Estado que ha sido utilizado con fines mezquinos y corruptos. Es cada vez más evidente que, ahora que puede terminarse la inmunidad que da el poder para amigos y cómplices, el Gobierno provoca estos avasallamientos a la república, a fuerza de prepotencia y desesperación.
Son los estertores de un país que se está yendo. Por eso estamos poniendo toda nuestra energía para desterrar definitivamente de Argentina esa manera de hacer política: con equipos sólidos, con la unión que supere las grietas abiertas en la sociedad y con una clara convicción de que la república es el único camino a la libertad. Eso estará en juego el 22 de noviembre, y ya escuchamos el hartazgo que gritó la Argentina el 25 de octubre.
Ahora, sólo queda dar el paso definitivo que nos salve de los que se creen más importantes que la democracia.
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.











