Cazador de
Noticias
Breve apunte sobre la corporación mediática

Por Jorge Núñez

Poeta y periodista. Ex Coordinador del Consejo Municipal de Cultura de Gral. Pueyrredon

Con esa formidable pericia que tienen las empresas de medios masivos para manipular la información, instalan y desinstalan los “grandes temas nacionales” como si fueran apps en un teléfono móvil. Allí van muchos consumidores de noticias repitiendo lo que (luego de una suficiente exposición diaria de rayo catódico) se ha convertido en “opinión pública”; y la cantidad legitima la maniobra.

Una buena operación de prensa es imprescindible en la formación de condiciones que influyan en las creencias del espectador primero, y en los comportamientos del público después.

Es un artilugio viejo pero actualizado y resignificado: “el hombre moderno está asombrosamente dispuesto a creer” decía Mussolini; y su partner ideológico publicó “la propaganda debe limitarse a una pequeña cantidad de ideas repetidas siempre. La masa sólo recordará las ideas más simples cuando le sean repetidas centenares de veces…” (Hitler en Mein Kampf).

Así como hicieron aquellos dictadores fascistas hace casi un siglo, la corporación mediática actual puede desplegar el arsenal psicológico en diferentes plataformas en el momento preciso. Y el poder lo pueden ejercer con el sistema judicial genuflexo o con las reglas del libre mercado. A tal punto puede persuadir al desprevenido, que éste es capaz de tomar decisiones aún en contra de sus propios intereses vitales.

Hay un componente cultural que acompaña: se montan valores que justifiquen el discurso. De allí deriva una forma de mostrar las cosas y ponerlas en escena. Por ejemplo, si el Estado interviene en la renta de quien obtiene ganancias extraordinarias, se dirá que los impuestos son “confiscatorios”; en cambio, si un vecino no paga la TSU, es un irresponsable sin formación cívica…

Como esos dueños de la comunicación lo son también de los medios de producción y del capital financiero, el circuito se retroalimenta y regula.

Pero la relación de fuerzas a veces hace un péndulo y los pueblos se salvan a sí mismos, canalizando sus formas de expresión en medios pluralistas y participativos, con periodistas honestos y a través de soportes diversos.

Parece necesario establecer ciertos mecanismos de análisis, métodos y categorías de pensamiento que permitan desarrollar una mirada crítica y una comunicación genuina. Recuperar el espíritu de la Ley de Medios (Ley 26522), en cuanto a “democratización y universalización del aprovechamiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación”, puede ser un paso significativo en ese camino.

Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.