Por Mario Rodríguez
Ex concejal radical, integrante del MDF
“Don Arturo Illia fue el mismo antes, durante su Presidencia y después de su gestión. Nunca cambió. Demostró que no es necesario modificar el estilo de vida cuando se ejerce un cargo semejante. Marcos Aguinis lo definió como un Gandhi de la política argentina. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Su casa le fue donada por el pueblo.
La equivocación, el enorme error que implicó el golpe de Estado de 1966, acabó con la edad dorada de la educación, la universidad pública y la ciencia argentina.
Esa ruptura institucional fue llevada adelante por una coalición de intereses importantes y diversos, incluyendo complicidad de sindicatos, monopolios y sectores de privilegios. Su gobierno fue volteado no por sus errores sino por sus aciertos, como la Ley de Medicamentos y la anulación de los contratos petroleros de Frondizi.
Don Arturo sabía que se venía el golpe, era anunciado, tenia fecha incluso, pero no quería derramar sangre de un solo conscripto.
Illia es modelo de honestidad, y encabeza un ranking de personalidades destacadas, junto a Manuel Belgrano y el Dr. René Favaloro.
Es necesario destacarlo por su ética, pero también por el coraje de sus acciones: se plantó ante la invasión de Estados Unidos a Santo Domingo e impulsó la votación de la Resolución 2065 en la ONU, que obliga al Reino Unido a sentarse a negociar la soberanía de las Islas Malvinas”.
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.












