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Cuando se desprecia al ciudadano desde la gestión política

Por Jorge Núñez

Poeta y periodista. Ex Coordinador del Consejo Municipal de Cultura de Gral. Pueyrredon

El 24 de agosto de 1978, el entonces interventor de facto de General Pueyrredon, Mario Russak, resumió su relación con los marplatenses en una frase que todavía se recuerda: dijo que gran parte de la población tenía “una excepcional vocación por la mediocridad”. Lo paradójico es que trece años después, en las elecciones del 8 de septiembre de 1991, obtuvo los votos para ser intendente electo. Casi cinco décadas después ese desprecio hacia el propio vecino vuelve con más estridencia y potencial electoral.

El intendente interino, Agustín Neme, ya tiene su propio historial de agravios. En octubre de 2025, tras el vandalismo de un monumento recién restaurado, calificó a los responsables de tener “tan poca neurona” que “su vida vale tan poco porque son cabezas de termo”. Nueve meses después, en julio de 2026, durante los festejos por la clasificación de la Selección a la final del Mundial de Fútbol, habló de “los cabezas de termo de siempre”, “incivilizados”, que rompieron un semáforo en el centro de la ciudad. En el medio, Neme calificó por igual de delincuentes a quienes trabajan de manera informal en la calle, sostuvo que “no queremos esa gente en la ciudad” al referirse a quienes llegan desde otras provincias, y anunció que trabajaría para “expulsar a quienes no sean de Mar del Plata”. Que un intendente en funciones recurra de forma reiterada a insultos que cualquier manual de convivencia escolar prohibiría no es solo un exabrupto.

El otro intendente, electo, reelecto, de licencia y ahora retornado, Guillermo Montenegro, en junio de 2026, ante informes de la Iglesia que señalaban un 30% más de personas en situación de calle, resumió el fenómeno así: “la única problemática es que hay delincuentes merodeando”. Durante su gestión, además, la Comisión Provincial por la Memoria y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos lo denunciaron penalmente por difundir en redes sociales oficiales operativos violentos contra personas que viven, duermen o trabajan en la calle, calificando esas publicaciones de discriminatorias y, en algunos pasajes, de connotación racial. Estas denuncias corresponden a presentaciones judiciales, algunas todavía en trámite, y no a sentencias firmes; pero el patrón de conducta -celebrar en redes la violencia institucional- muestra el pensamiento y la conducta de alguien que, curiosamente, fue Fiscal General, Ministro de Justicia de CABA y Juez Federal.

Estos intendentes asocian “extranjeros latinoamericanos, marginalidad, delito, trapitos, fisuras, cabezas de termo” en su nube de palabras, como si fueran sinónimos para excluir y descalificar. No es un desliz puntual: es una forma de concebir la sociedad.

Lo que une a Russak, Neme y Montenegro es el mismo desprecio por “el marplatense mediocre”, por los que “vienen del conurbano bonaerense, de provincias del interior y de países limítrofes”. Es decir, “los pobres, los cabecitas”, en definitiva “los inferiores”. Frente a “esos” cualquier insulto parece estar permitido, incluso celebrado.

Un funcionario público que denigra a las personas no está ejerciendo autoridad, está exhibiendo una carencia de formación cívica y de ética que debería inhabilitarlo moralmente para el cargo.

Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.