En Mar del Plata, como todos los años, el Obispo Monseñor Juan Alberto Puiggari,presidió la eucaristía en el escenario montado en el frente de la Catedral. La multitud de fieles que participó de la celebración, rodeaba el templo y llegó a extenderse hasta la Plaza San Martín.
Con palmas y con los brazos de los fieles que alzaban los tradicionales ramos de olivo, Monseñor Puiggari llegó hasta una tarima que se ubicó en Hipólito Yrigoyen y San Martín, allí comenzó el rito litúrgico del Domingo de Ramos. Luego de la lectura del Evangelio y la bendición de los olivos, la celebración se trasladó al altar ubicado en las escalinatas de la Catedral.
“La liturgia de hoy tiene dos momentos sumamente importantes, hemos bendecido los ramos, proclamado el Evangelio, cuando el Señor entra a Jerusalén y el pueblo la aclama con hosannas; y ahora esta celebración de la eucaristía memorial de la pasión y muerte de Jesucristo. En realidad estas dos acciones litúrgicas están íntimamente unidas por la procesión, que no es solamente un recuerdo histórico, sino que es el compromiso de seguir a Jesucristo en el camino de la Cruz” explicó Puiggari en la homilía y luego continuó “este seguimiento es el que nos hace descubrir nuestra dignidad, nuestra vocación. El hombre sólo es hombre, desde Cristo. Cuando el hombre pierde la referencia a Dios, no encuentra su destino, y en la mayoría de los casos se degrada. Nosotros hoy queremos unirnos a Jesucristo, para caminar junto a Él hacia lo alto a la a la plenitud del hombre, y ese camino a lo alto nos lleva necesariamente a la cruz”.
“En el texto de la Pasión que hemos meditado, vamos descubriendo el amor de Jesucristo que por nosotros se entregó; y decir que Cristo murió por nosotros, tiene un doble sentido, para salvarnos, redimirnos; y también porque nos ama y eso es lo maravilloso de estos días. Hoy tantos hombres no se sienten amados, se sienten solos, agobiados, por el dolor, la cruz, la injusticia; y Dios nos dice a cada uno, los amo y por ustedes doy la vida y estoy a su lado para elevarlos a la dignidad de Dios, y para mostrarles esa meta maravillosa del cielo”.
El Obispo de Mar del Plata, también se refirió a los momentos en que la Iglesia aparece humillada, y criticada excesivamente “por motivos reales y por pecados de los hijos de sus hijos, pero absolutamente tergiversados, engañosos, mentirosos”; y enfáticamente expresó Puiggari, “nos cuesta dar testimonio de Jesús, porque esto implica dar testimonio de sus enseñanzas y las de su Iglesia. No existe Jesucristo sin la Iglesia, y no existe la Iglesia sin Jesús. También nos cuesta ser fieles al Santo Padre, vicario de Cristo en la tierra, cuando es tan atacado sistemáticamente con una enorme mentira e injusticia”.
Por eso el Pastor de la Iglesia de Mar del Plata, consideró que hoy es “heroico” ser cristiano y, “decir ante una cultura anticristiana, que queremos el Evangelio, que apostamos al sí de la vida, que creemos en la familia como nació del corazón de Dios, que queremos y creemos en el Papa a pesar de todo lo injusto que se hace con su persona, que creemos en la Santa Madre Iglesia a pesar de que en ella haya hijos que la avergüenzan con su pecados”. Luego explicó que es propio de la Iglesia a lo largo de 2000 años estar en un “estado martirial” pero en estos momentos es “cuando más se purifica y sale más fortalecida”.
Finalmente Puiggari, pidió a todos los presentes “si somos capaces de rezar, de ser humildes, de vivir el Evangelio para transparentar más el rostro de Cristo y hacer de la Iglesia un sacramento universal de salvación; tengan la certeza de que saldremos fortalecidos de estas dificultades”. Por último el prelado, instó a vivir la Semana Santa “cerca de Jesús, renunciando a nuestros pecados, comprometiéndonos a ser verdaderos discípulos de Cristo. También los invito a que sean días de mayor recogimiento, aunque sea difícil en esta ciudad con tanto turismo y con tanto trabajo de ustedes. Que María nos ayude a unirnos profundamente a Jesús por nuestra salvación, la del mundo y la santificación purificación de la Iglesia y la cercanía efectiva y afectiva con nuestra oración a nuestro Santo Padre Benedicto XVI”.












