El Palacio Árabe, construido en la década del 40, luce una arquitectura bien característica que, desde la convulsionada esquina de Córdoba y San Martín, sumerge a los transeúntes en el místico mundo oriental.
En declaraciones a Cazador de Noticias, Piero Asaro, de Alejandría Libros, ubicada a pasitos del edificio en cuestión, comentó: “este lugar nos convida a la reflexión y la meditación en una ciudad en donde podemos encontrar fuertes manifestaciones de la voluntad divina expresadas en lo arquitectónico”.
Asimismo, Asaro informó: “todos los arabescos que podemos ver responden a formas geométricas, dado que en el Islam sunnita hay una prohibición de la representación de todo lo figurativo, tanto de personas como animales”.
“Así – continuó – ellos han desarrollado una estética que se pone de manifiesto en todos los cruces arquitectónicos y las líneas geométricas”.
Y añadió al respecto: “en este caso en particular, hay un cruce de cuadrados que van formando octágonos y estrellas de ocho y doce puntas; éstos se entrelazan y dan una impresión de tapiz que, en el conjunto, invitan a reflexionar sobre la magnificencia de la creación del mundo”.
Luego, en tanto, se refirió a la cúpula, de estilo arábigo – andaluz, que a su criterio, “es para resaltar”. “Encima de ella – apuntó – hay un eje con una medialuna que apunta directamente a la Meca, es decir, el lugar al que recurren millones de musulmanes para realizar su ritual cinco veces al día”.
A colación, Asaro completó: “por debajo de esa medialuna, hay tres esferas unidas en un eje que dan forma a distintos aspectos de la representación global; la más baja y pesada simboliza la tierra; la del medio, un poco más chica y liviana, hace alusión al ser humano, y la más elevada, aún mas pequeña y menos pesada, representa el cielo”.
Poco después, hubo tiempo para hablar de los marcos que recorren las ventanas. “En ellos – especificó – se puede ver una escritura árabe que, al leerla de derecha a izquierda como corresponde, descubrimos que refleja una de las aleyas del Corán”.
“Se trata del versículo del trono – aclaró Asaro - uno de los más importante del libro sagrado, que es el que se recita luego de terminar cada oración y que se refiere a algunos aspectos de la manifestación divina”.
Al finalizar, el librero contó qué es lo que dice el escrito que se repite a lo largo de todo el balcón: “eso significa no hay vencedor salvo Dios, una frase tomada del Palacio de la Alhambra, en Granada”.
“Y lo que se ve en español, con caracteres latinos – concluyó – es el nombre de quien tomó la iniciativa de construir este edificio, el sirio Jalil Mahmud Hussein”.











