El Cronista Comercial publicó cuatro testimonios desgarradores de argentinos que perdieron un familiar en manos de la delincuencia y que hoy viven atemorizados; entre ellos, el del marplatense Erico Dagatti. Él sueña con recuperar la tranquilidad perdida, pero la desesperanza y el miedo a volver a ser víctima lo impulsó a tomar la decisión de irse del país.
Erico Dagatti, de 64 años, vive en España, en una ciudad que prefiere no revelar porque tiene miedo de ser localizado. A Dagatti le mataron a su hijo, Pablo, delante de él, en un local donde tenían un estudio fotográfico, en Mar del Plata. Ocurrió el 7 de julio de 2003, a las 19. El chico, que entonces tenía 22 años, agonizó y murió en sus brazos.
Erico decidió, a pesar del dolor, crear una ONG “Familiares y Víctimas del Delito”.
“En honor a Pablo, resolví ocuparme, porque se lo prometí”, relata en la comunicación telefónica. Durante cinco años, estuvo al frente de esa entidad, pero con el tiempo empezaron a llegar las amenazas, que se hicieron cada vez más fuertes. Las últimas, grabadas en su celular, lo hicieron tomar la decisión, inevitable, y en junio de 2008 se fue, para proteger a su esposa y a su otra hija.
“Estoy acá, no por mi propia voluntad, sino porque el asesino de mi hijo está suelto, y si vuelvo sé que me lo puedo cruzar por la calle. Además, la Policía y la Justicia saben también quién fue el responsable de las amenazas. Pero nadie hizo ni hace nada. Me fui ante la falta de respuesta del Estado, y hoy estoy dolido, pero no quebrado. Sólo le pido a las autoridades políticas, que permanecen indiferentes, que tomen las medidas necesarias para que la gente pueda vivir en armonía y en paz. No quiero que nadie más sufra lo que a nosotros nos tocó vivir”, afirma.
“Obviamente no me refiero a toda la Policía, ni a toda la política, ni a toda la Justicia, pero ellos tienen gran parte de la responsabilidad, tienen la decisión. Y las medidas que se han tomado son muy leves de acuerdo a la situación que se está viviendo. El asesino de Pablo tenía 15 años en 2003, y hacía tres o cuatro meses que había matado a un policía. Tendría que haber estado alojado y contenido en un Instituto de Menores, pero estaba suelto. Y su cómplice, de 16 años, también había matado a su novia unas semanas antes. Es decir que ambos, al momento del episodio, no debían haber podido entrar a mi local”, explica.
Erico recuerda que esa noche lloviznaba, que estaban los cuatro en el local. “Mi hija y mi señora le dieron todo lo que teníamos en la caja. A mí me dijeron: ‘Vení que te quemo’, y me tiraron al piso. Mi hijo se acercó y les preguntó: ‘¿Qué pasa acá?’, sólo levantó los brazos cuando les preguntó eso. Y ahí nomás uno le disparó al corazón, con un revólver 38, a quemarropa. Le tiró como si le disparara a un tarro, sin demostrar ningún sentimiento. Increíble...”. Erico hace un silencio, por unos instantes, que conmueve.
Hoy vive gracias a unos ahorros y también al trabajo de su hija, que tiene un ingreso. El está buscando trabajo. “Sé que Pablo está conmigo, pero lo que pasó me queda grabado para toda la vida. Lo que me sostiene es la fe en Dios”, dice antes de despedirse, y agradece la comunicación.
Fuente: El Cronista Comercial












