Por C.P.N. Cristina Coria
Hace casi tres años nuestra ciudad declaró que la arena es “Recurso turístico fundamental” y se encomendó a todos los estamentos gubernamentales que toda intervención u obra que se realice en el frente costero tenga en cuenta su preservación, así como que los trabajos de dragado en los canales de acceso al puerto prevean la transferencia de la arena extraída a las playas.
Esto no fue fruto de la casualidad sino de la profunda convicción de que las playas son un elemento estratégico en nuestro posicionamiento como ciudad receptora de turismo. Hoy hay una fantástica infraestructura de servicios hoteleros, gastronómicos, culturales, de esparcimiento, para realización de congresos y otros eventos, para agroturismo, pero el símbolo de la ciudad y el principal motivador del turismo sigue siendo la playa.
Por ello, el Plan Integral para la Defensa Costera no puede demorarse más en su ejecución. Ha sido planificado, los funcionarios provinciales y nacionales han confirmado su realización. Se ha anunciado la remodelación y prolongación de los espigones de La Perla, las obras de defensa en el Sur-Sur, el refulado en las zonas de Varese y Playa Grande, el famoso by-pass en el puerto de Quequén para la transferencia, el dragado con descarga de arena que aunque no sea el relleno sobre playa, sea sobre la zona que denominada “hidrodinámicamente activa”, etc., etc.
Es nuestra obligación preservar este recurso natural, para que sea posible su uso y disfrute hoy y para las futuras generaciones. La pérdida o degradación de nuestras playas ocasiona daños a veces irreversibles e invalorables. ¿Cuánto vale la arena de nuestras playas? ¿Cuál es la magnitud económica de su desaparición en alguna zona? Sencillamente incalculable, por lo que se deben extremar los esfuerzos para que las obras necesarias y el manejo adecuado se lleven a cabo antes de que sea demasiado tarde.












