Investigadores de la entidad, perteneciente al Conicet, descubrieron la presencia de moluscos conocidos como Rapana venosa en las aguas del Río de la Plata. La especie, que se está extendiendo en el Partido de la Costa y que ya habría llegado a Mar del Plata, fue la principal causa del colapso de varias pesquerías de ostras y mejillones en el Mar Negro.
Este tipo de caracoles se alimenta de moluscos bivalvos, en especial de mejillones, ostras y almejas.
Fue detectado por primera vez en el estuario en 1998 y se cree que llegó a Buenos Aires en el agua de lastre de los buques comerciales provenientes de Asia o del Mar Negro.
Este visitante indeseado come almejas que constituyen el alimento de varias especies de peces de importancia comercial, entre ellos la corvina rubia, uno de los principales recursos económicos de la región.
También se alimenta de bancos de mejillones en las zonas marinas adyacentes, y esto ya afectó su abundancia, no sólo en nuestras costas sino también en Uruguay.
Lo más lamentable es que, además de las posibles implicancias económicas, su arribo podría provocar alteraciones en la biodiversidad de las comunidades marinas y de los estuarios de la región, lo generaría un cambio en las cadenas alimentarias.
Actualmente, estos caracoles se encuentran en todo el estuario del Río de la Plata y se están expandiendo a las zonas marinas adyacentes.
En el lado uruguayo, se lo puede ver hasta Punta del Este, y en las costas argentinas, hasta Mar del Tuyú, y puestas de huevos hasta Cariló.
Según Diego Giberto, investigador del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero, y sus colegas Claudia Bremec, Agustin Schiariti y Laura Schejter, existen fuertes sospechas de que ya estarían cerca de la “Feliz”; sin embargo, la información debe ser constatada a través de diversos estudios.
Cabe señalar que el caracol Rapana venosa es una especie con amplia tolerancia a las variaciones ambientales, que puede encontrarse en aguas de baja salinidad y también marinas y que, además, tiene gran capacidad para alimentarse de presas nuevas en los ambientes invadidos.
Fuente: La Nación












