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Jueves - 26 de Diciembre de 2013 02:30
La Navidad austera que tuvo el ahijado bahiense de Cristina

En la víspera, Papá Noel pasó de largo en el necesitado hogar de los Erbin, en calle Brown al 1700, donde este fanático de Villa Mitre vive en forma precaria junto a sus padres y ocho de sus once hermanos.

Lejos de los regalos de Papá Noel y de la ayuda prometida por el gobierno nacional. De esa manera transcurrió la Navidad “Santiaguito”, con 10 años el séptimo hijo varón de la familia Erbin y, desde noviembre pasado, ahijado de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Fanático de Villa Mitre y futuro chofer de línea, tal como aseguró, fue bautizado en la Iglesia Libertad Pentecostal Internacional, en Saavedra 1932 y, tal como indica el protocolo, recibió una medalla de oro y le fue asignado un subsidio y una beca hasta que finalice sus estudios universitarios. Pero todo esto aún no llegó.

En la precaria vivienda de Brown al 1700, donde este alumno de 5º grado de la Escuela 8 vive amontonado junto a sus padres y ocho de sus once hermanos, Papá Noel pasó de largo.

“¡Vio cómo son los chicos! Los menores preguntaban si había regalos, pero ellos comprenden la situación. Lo bueno –justifica Ana María Tévez, su mamá-- es que estamos en familia y también en paz”.

Claro que eso no alcanza, porque las necesidades se palpan a la vista en el humilde habitáculo de paredes descascaradas y repletas de agujeros.

“En verano se pasa, pero en invierno ´te la regalo´”, grafica Félix, el papá, quien se gana la vida como canillita y abriendo y cerrando puertas de taxis en la terminal San Francisco de Asís.

Hace poco, con el “envión” de la visita de la comitiva presidencial para el bautismo de Santiago, se dirigieron al servicio local para pedir ayuda.

“Pedimos cal y cemento para arreglar la casa pero la burocracia nos desalentó por completo. Nos dijeron que debíamos buscar presupuesto y así lo hice, creyendo que en pocos días podíamos empezar. Pero luego nos pidieron un informe pormenorizado de todos nuestros hijos... sin dudas una locura”, reflexiona el hombre, quien padece una discapacidad auditiva que le dificulta el habla.

Exhibe con resignación los dos cuartos oscuros y sin ventilación donde 11 personas se las ingenian para dormir con menos camas de las necesarias.

Siete chicos duermen amontonados en una habitación, mientras que los dos menores lo hacen en el cuarto de sus padres.

“Desde mi pieza puedo ver hacia afuera con semejantes agujeros. La visita de las asistentes sociales quedaron en la nada y la casa se viene abajo”, explica, mientras cuenta que un albañil amigo los alertó que la pared está por derrumbarse.

Evangélicos y creyentes (en la minúscula cocina conviven varios cuadros que indican la frase “Dios te ama”), los Erbin pasarán el verano como puedan, refrescándose en alguna pileta de lona de los muchos vecinos del sector.

Además de Santiago, que es su anteúltimo hijo, Ana y Félix son padres de Aurora, de 30 años; Jesica, de 27; Pablo, de 26; Walter, de 23; Brian, de 20; Matías, de 18; Enzo, de 16;

Marcelo, de 15; Noelia, de 12; Victoria, de 11; y Gabriela, de 6.
Cecilia Corradetti(La Nueva Provincia)