Todos los días se va a la esquina de Rivadavia y Córdoba con su cajoncito y los cepillos. Desde hace más de 50 años que no para de limpiar calzados y asegura que es su vocación. La historia de un hombre que la lucha a diario y ya es parte de las calles de Mar del Plata. Oscar llega temprano y acomoda sus objetos de trabajo siempre igual: la misma metodología, las mañas y la constancia son parte de su vida diaria.
“El verano no es lo que más laburo me da”, arranca diciendo Oscar a Cazador de Noticias, en una vereda colmada de turistas. “Me siento mal porque hay días que no hago para comer, muchos vienen en alpargatas y zapatillas a veranear, pero tengo clientes del invierno que no los puedo dejar”.
Para Oscar, ahora viene la parte buena: “De a poco vuelven los tribunales y la gente empieza a vestirse mejor, eso me da laburo”.
A pesar de que la calle sea dura, va contra viento y marea porque sabe que su oficio está en extinción. “Sigo porque es lo mío”, se lo escucha decir, “por vocación y por los clientes”. Aunque detrás de ese cariño por la gente, también se esconde el hecho de que aún no tiene los años que necesita para jubilarse. “Todavía me faltan 4”, asegura.
A sus 61 años, recibe el aprecio de la gente, de los clientes y los comerciantes de la zona que ya lo adoptaron como propio. “Comencé a los 6 años. De chico, era lo primero que uno hacía y le tomé la mano”.
Aunque no fue su único trabajo: “Hice otras cosas después, como mantenimiento, pintura y algún que otro mandado pero en el 2001, cuando todo se puso feo, volví a agarrar el cajoncito. De hecho, nunca me deshice de él”, cuenta entre risas.
´Los empilchados´, esos que van por la vida en traje y zapatos caros, son su mayor clientela. “Abogados, escribanos, contadores, los que andan bien vestidos”, describe. Por supuesto, políticos de todo tipo, y sobre todo concejales. “Yo no lo hago por conocidos ni famosos, lo mío es por vocación. No hago diferencias, trato a todos por igual y los lustro a todos”. Honrado por excelencia, cuenta que más de uno le ha ofrecido una colaboración pero a Oscar “esas cosas no le gustan”.
“Tengo muchas historias para contar, por los años que estoy acá pero es el día a día el que me mantiene”, asegura.
Mientras tanto, zapato a zapato, este ejemplo de vida confiesa que éstas no van a ser sus últimas lustradas: “Voy a seguir, me gano mi plata, me compro mi choripán y soy feliz. Voy a seguir aunque me jubile”.











