El transporte colectivo en la ciudad, va acumulando notas distintivas que para el usuario son “lo cotidiano”, y no debería sorprendernos porque es el que menos acceso a datos tiene, ahora que sea “lo cotidiano”, para quienes tienen responsabilidades públicas, sorprende.
Cada uno de los últimos aumentos de boleto, como el que comenzará a regir a partir del 1° de diciembre, han tenido sustento en una descripción mentirosa acerca de la realidad del sistema de transporte: cualquier usuario al que se le pregunte si ¿es verdad que el colectivo al que sube pasa cada 15 minutos?, se nos reiría en la cara. Tristemente, esa descripción da sustento a la estafa del aumento.
Los más de 30 millones de km supuestamente recorridos en los últimos doce meses por todas las líneas de colectivo, que como dato central figuran en el decreto con la nueva tarifa, firmado por el Intendente que abandona la ciudad, indican que para llegar a los $1.550 para el boleto plano y a los más de 2.459 para las distancias más extensas, hay que “hacer como si los colectivos en estos últimos meses hubieran pasado cada 15 minutos y no cada 30 o 40 como sucede todos los días”. La diferencia entre los datos falsos que intentan sostener el aumento y la realidad de cómo funciona el sistema, la paga irremediablemente el usuario. Por goteo, cada vez que suban al colectivo habrá una diferencia en pesos a favor de los empresarios que pagarán los usuarios y una falta de frecuencias en perjuicio de quienes usan esos colectivos, permitida por el incumplimiento de los deberes del funcionario público de quienes deberían controlar.
(Gentileza Roberto Latino Rodríguez)










