Pese a la fuerte controversia social y patrimonial que despierta la iniciativa, el Ejecutivo encabezado por Guillermo Montenegro aprobó el estudio de impacto ambiental que habilita la “puesta en valor” del ex-hotel Chateau Frontenac y la construcción de dos torres de lujo en su entorno inmediato. La decisión despeja uno de los principales obstáculos administrativos de un proyecto impulsado por desarrolladores privados y cuestionado por amplios sectores de la comunidad.
La propuesta combina, según sus impulsores, preservación histórica y desarrollo inmobiliario de alta densidad. Mientras el edificio original —emblema arquitectónico de principios del siglo XX— sería restaurado para usos comerciales y de servicios, el verdadero peso del emprendimiento recae en la construcción de dos torres de gran altura sobre las calles Alvear y Moreno, que modificarán de manera irreversible el perfil urbano del sector.
El diseño promete “apertura de visuales” y una supuesta mejora del espacio público, aunque críticos advierten que estas intervenciones difícilmente compensen el impacto de nuevas moles edilicias en una zona sensible desde el punto de vista paisajístico y patrimonial, especialmente en el área de la Loma y su relación con el frente costero.
El informe ambiental aprobado sostiene que la ubicación de las torres reduce la proyección de sombras sobre la playa en horarios considerados críticos y que las redes de agua, cloacas y energía cuentan con capacidad suficiente para absorber la nueva demanda. Sin embargo, estos argumentos técnicos no han logrado disipar las dudas sobre la presión adicional que el complejo ejercerá sobre la infraestructura urbana y el entorno natural.
La autorización oficial queda supeditada, al menos en los papeles, a la preservación de la fachada y de elementos estructurales históricos del Frontenac. Para vecinos y defensores del patrimonio, esta condición resulta insuficiente frente al cambio profundo en la fisonomía del barrio que implicará el avance del proyecto.
Con el certificado de impacto ambiental ya aprobado, el expediente avanza hacia la autorización definitiva para el inicio de obra, dejando en evidencia una vez más la tensión entre el modelo de desarrollo inmobiliario de lujo y la protección del paisaje urbano y la identidad histórica de la ciudad.












