La sinceridad de los funcionarios suele ser el preludio de un nuevo golpe al bolsillo. Esta vez, el encargado de romper la calma fue Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, quien en un rapto de “honestidad brutal” lanzó una recomendación que funcionó como un disparador: “Si tenés que cargar nafta mañana, hacelo hoy”.
La frase, que circuló velozmente por las redes sociales, no hizo más que confirmar lo que el mercado ya descontaba: la tregua en los precios de los combustibles tiene fecha de vencimiento.
Tras el revuelo que generaron sus propias palabras, Marín salió a bajar el tono. En redes sociales aseguró que no habrá aumentos bruscos y explicó que la empresa usa un sistema de “micropricing”; ajustes pequeños y frecuentes para evitar subas fuertes de una sola vez.
Con ese mecanismo, la empresa buscó “suavizar” las subas usando un sistema de promedios para ajustar los precios de a poco. Pero ese esquema choca con una realidad; la economía ya está bajo presión.
En los hechos, el “compromiso honesto” que menciona Marín suena más a admitir que la suba llegará, aunque se aplique en cuotas para que el impacto no sea tan visible.
El escenario que empuja esta suba no es local. La guerra en Irán volvió a sacudir el precio del petróleo en todo el mundo. El barril de Brent, la referencia que sigue el mercado argentino, ya superó los 100 dólares y llegó a pasar los 108, niveles que no se veían desde 2022.
La tensión en Medio Oriente impacta en los mercados globales y también en el costo de vida. Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió que el aumento de los combustibles será inevitable a nivel internacional. Para Argentina el efecto es doble; el petróleo caro mejora las exportaciones de Vaca Muerta, pero también encarece los costos de toda la economía.










