El Dr. Santiago Boggio, médico de cabecera de PAMI, alertó sobre el impacto de la obesidad en la salud cardiovascular y destacó la importancia de un abordaje integral con alimentación, actividad física y tratamientos médicos adecuados.
En diálogo con el programa radial “Propuesta Joven” (FM 90.5), el Dr. Santiago Boggio, médico de cabecera de PAMI, señaló que la cardiología moderna ya no considera a la obesidad como un simple factor de riesgo, sino como “el epicentro y el motor principal” de gran parte de las patologías cardíacas que se observan diariamente en los consultorios.
“Hoy entendemos que no podemos cuidar el sistema cardiovascular sin poner sobre la mesa la obesidad”, afirmó el profesional, quien remarcó la necesidad de dejar atrás la idea de que se trata de un problema estético o vinculado únicamente a la voluntad personal. “La obesidad es una enfermedad crónica, sistémica, recidivante y multifactorial, caracterizada por una acumulación anormal o excesiva de tejido adiposo que perjudica la salud”, explicó.
Boggio detalló que esta enfermedad implica una alteración compleja en la regulación neuroendocrina del apetito, el gasto energético y el metabolismo, y advirtió que la situación a nivel mundial es alarmante. Según datos de organismos internacionales, más de mil millones de personas viven con obesidad en el planeta, mientras que las proyecciones anticipan un crecimiento sostenido del exceso de peso en la próxima década.
En Argentina, los registros oficiales muestran una realidad preocupante: seis de cada diez adultos presentan exceso de peso, incluyendo sobrepeso y obesidad. Además, cuatro de cada diez niños y adolescentes atraviesan esta problemática, configurando “una verdadera epidemia transgeneracional”, según expresó el especialista.
El médico explicó que el tejido adiposo en exceso no funciona como un tejido pasivo, sino como un órgano endocrino e inflamatorio capaz de liberar sustancias perjudiciales para el organismo. Esta situación favorece la aparición de enfermedades cardiovasculares como hipertensión arterial, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria e infartos, además de patologías metabólicas como diabetes tipo 2, resistencia a la insulina y alteraciones del colesterol y triglicéridos.
También mencionó otras consecuencias asociadas a la obesidad, entre ellas trastornos respiratorios como la apnea del sueño, mayor riesgo de distintos tipos de cáncer y problemas osteoarticulares derivados de la sobrecarga mecánica sobre rodillas, columna y caderas.
Un tratamiento integral para cambiar la historia del paciente
Boggio destacó que el tratamiento médico puede modificar de manera significativa la evolución de la enfermedad y aclaró que no existen soluciones rápidas ni dietas restrictivas sostenibles. “No se trata de hacer dietas mágicas que lleven al efecto rebote, sino de generar un cambio sostenido en el patrón alimentario”, explicó.
En ese sentido, recomendó priorizar alimentos reales, ricos en fibra, proteínas de calidad y grasas saludables, con el objetivo de reducir la inflamación sistémica. Asimismo, remarcó que la actividad física es “vital y no negociable”, no solo para quemar calorías sino como una herramienta metabólica y antiinflamatoria.
La combinación de ejercicios aeróbicos y entrenamiento de fuerza, indicó, mejora la sensibilidad a la insulina y ayuda a preservar la masa muscular.
La nueva era de los tratamientos farmacológicos
El especialista señaló que en los últimos años la farmacología para la obesidad experimentó una transformación profunda. “Ya no contamos con los viejos fármacos estimulantes que tenían tantos efectos secundarios cardíacos”, afirmó.
Actualmente existen tratamientos basados en la fisiología moderna, como los análogos de los receptores de GLP-1 y terapias combinadas, que actúan sobre mecanismos relacionados con el apetito, la saciedad y el vaciamiento gástrico.9
Sin embargo, aclaró que los medicamentos no reemplazan los hábitos saludables, sino que son herramientas médicas que ayudan a sostener el tratamiento nutricional y los cambios a largo plazo.
Claves para sostener el tratamiento
Entre las recomendaciones para lograr mejores resultados, Boggio destacó:
Establecer objetivos realistas y progresivos:una reducción del 5 al 10% del peso corporal puede generar importantes beneficios metabólicos y disminuir el riesgo cardiovascular.
Planificar la alimentación semanal: organizar compras y comidas evita recurrir a productos ultraprocesados ante la falta de tiempo.
Incorporar movimiento cotidiano: caminar más, reducir el uso del ascensor y evitar largos períodos de sedentarismo son acciones beneficiosas.
9Contar con acompañamiento interdisciplinario: médicos, nutricionistas, psicólogos y profesores de educación física cumplen un rol fundamental para que el proceso sea más efectivo y sostenible.
Finalmente, el Dr. Boggio insistió en que la obesidad debe ser abordada como una enfermedad compleja que requiere acompañamiento profesional y estrategias personalizadas, dejando de lado los prejuicios y apostando por un tratamiento integral.












