Cazador de
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Jueves - 29 de Octubre de 2026 08:52
“La educación superior argentina exporta valor, atrae capitales y genera empleo”, sostuvo Pablo Aceto

En diálogo con Cazador de Noticias, Pablo Aceto, dirigente del Partido Socialista Auténtico de Mar del Plata-Batán e integrante de la Unidad Socialista, cuestionó las posturas políticas que consideran a los estudiantes extranjeros como una carga para el Estado y defendió la importancia económica de la internacionalización universitaria. Sostuvo que la llegada de jóvenes de otros países representa una fuente de ingreso de divisas, consumo y generación de empleo para la Argentina.

Aceto advirtió que el debate público suele abordar la presencia de estudiantes extranjeros desde una perspectiva exclusivamente fiscal, sin contemplar su impacto en el conjunto de la economía. En ese sentido, señaló que algunos dirigentes, impulsados por prejuicios ideológicos, reducen la discusión a los costos del sistema educativo y dejan de lado los beneficios económicos que genera esta actividad.

Según indicó, estimaciones del sector calculan que la educación destinada a estudiantes extranjeros aporta entre 300 y 500 millones de dólares anuales a la economía nacional.

“Pensar que el impacto de un estudiante extranjero se limita al costo de una cuadrícula horaria en un aula es desconocer el funcionamiento básico de la economía real”, afirmó. Además, remarcó que quienes llegan desde países como Brasil, Paraguay, Chile, Uruguay, Bolivia y Perú destinan recursos a distintos rubros de la economía argentina, tanto si eligen universidades públicas como instituciones privadas.

En esa línea, explicó que el movimiento económico no se limita al pago de aranceles, sino que alcanza al mercado inmobiliario, el comercio, la gastronomía y los servicios. Los estudiantes demandan alquileres, residencias y habitaciones, además de gastar en supermercados, transporte, conectividad, fotocopias, actividades culturales y recreativas.

El dirigente socialista también hizo hincapié en el impacto que generan las visitas de familiares que viajan al país para encontrarse con los estudiantes. A este fenómeno lo definió como “turismo de la nostalgia”, al señalar que esos visitantes consumen servicios hoteleros, restaurantes, excursiones y productos locales, contribuyendo al ingreso de divisas.

Para Aceto, este circuito económico constituye un aspecto que suele quedar fuera del análisis de quienes cuestionan la presencia de estudiantes internacionales. Desde su perspectiva, cada joven que elige la Argentina para formarse también contribuye a dinamizar actividades económicas y favorece el movimiento de recursos provenientes del exterior.

Asimismo, advirtió que rechazar la llegada de estudiantes extranjeros por prejuicios implica desaprovechar oportunidades en un escenario internacional donde los países compiten por atraer talento y desarrollar la economía del conocimiento.

“La comunidad estudiantil internacional representa una balanza comercial invisible, pero altamente superavitaria”, sostuvo, al defender el valor de la educación superior argentina como una herramienta capaz de atraer inversiones, generar ingresos y sostener puestos de trabajo indirectos.

Finalmente, Aceto reivindicó la calidad y el prestigio histórico de las universidades argentinas y planteó la necesidad de modificar el enfoque del debate político sobre la educación internacional.

“La educación superior argentina no es un gasto que se fuga; es una marca registrada que exporta valor, atrae capitales y sostiene miles de puestos de trabajo indirectos”, concluyó. En ese marco, instó a la dirigencia política a dejar de lado los prejuicios y reconocer la internacionalización universitaria como un factor relevante para el desarrollo económico y el ingreso de divisas que necesita el país.