Por Jorge Núñez
Poeta y periodista. Ex Coordinador del Consejo Municipal de Cultura de Gral. Pueyrredon
¿Cuál es la propuesta concreta que impulsa el Ejecutivo nacional y qué objetivo persigue?
El Gobierno Nacionalbusca derogar la Ley del Libro y la Ley de Defensa de la Actividad Librera. Esto lo plantea el Ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, algo que ya había incluido en la Ley Bases y que no pudo colar en su momento, y ahora vuelve con el impulso legislativo que le da la diputada marplatense Juliana Santillán. Ellos sostienen que la eliminación de regulaciones permitirá abrir el mercado a una mayor competencia y, en consecuencia, reducir el precio final de los libros. La visión oficial es que la actividad librera no debe tener un tratamiento diferencial respecto de otros rubros económicos.
¿Por qué rechazan la propuesta los editores, libreros y autores?
El sector advierte que la derogación no garantiza libros más baratos. Lo que ocurrirá en la práctica es la desprotección de las librerías independientes frente a grandes cadenas y plataformas digitales. Estas últimas cuentan con el músculo financiero para vender a pérdida o usar los libros como “gancho” para comercializar otros productos, algo inviable para un comercio de barrio. La desregulación va a destruir la industria del libro, como ya lo estamos viendo en otras industrias nacionales que bajan sus persianas.
¿Por qué se habla de un riesgo de concentración del mercado a mediano plazo?
Porque sin la protección del precio fijo, una gran superficie puede fijar bestsellers por debajo del costo hasta expulsar del negocio a las pequeñas y medianas librerías. Una vez eliminada esa competencia, la tendencia histórica demuestra que los precios vuelven a subir, pero en un mercado ya concentrado y sin la red de protección que existía antes.
¿Cómo afectaría este cambio a los escritores y a las editoriales más pequeñas?
Los autores, sobre todo quienes publican en sellos locales o independientes, perderían la garantía de que su obra tenga el mismo valor en cualquier punto de venta. Las grandes cadenas pasarían a presionar a los editores para obtener descuentos preferenciales. Esto se traducirá en dos consecuencias directas: una reducción en las regalías del autor y el estancamiento de títulos que no tengan un éxito comercial masivo e inmediato.
Por último, ¿qué se pierde más allá del aspecto comercial si cierran las librerías independientes?
El acceso al libro no se reduce solo al precio, sino a la diversidad de catálogo y la presencia en el territorio. Las librerías independientes funcionan como espacios de encuentro, recomendación y mediación cultural que ninguna plataforma digital puede reemplazar. Perderlas significaría ahogar la cadena que une de forma equitativa al autor con el lector.
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.












