Cazador de
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Lunes - 27 de Septiembre de 2010 18:03
“Policía infantil y un Gobernador miedoso”

Por Miguel Angel Reynoso
Secretario general de APROPOBA

En estos días los medios informativos argentinos han realizado un gran despliegue en base a una noticia que tendría que haberlo sido si, pero en lugar de negativa como se la presentó, auspiciosa, ejemplificadora y positiva desde todo punto de vista.

La excelente iniciativa de un capellán policial cristiano de la ciudad de Trelew en la provincia de Chubut, acompañado de un grupo de padres, algunos de ellos pertenecientes a la policía de esa provincia y otros no, y el apoyo de autoridades locales de la institución, por el solo hecho de haber nacido en el seno de la repartición policial en forma por demás intencionada fue llevada al público como una muestra de presunto abuso policial o vaya a saber que sobre los niños o hacia los niños a los cuales estaba destinada, con el inmediato apoyo del tan mal utilizado argumento de los “derechos humanos”, incluso desde el ámbito oficial del ramo.

Sabido es ya que en nuestro país es costumbre frecuente la utilización de estas palabras para procurar vestir de sacrosanta cualquier idea que se pretenda aparentar como justa e indiscutible pero esta vez se les ha ido la mano por haber contradicho en su misma esencia lo que se pregona por otro lado cuando se pide una policía “civil” e integrada a la comunidad, ¿o no es acaso lo que ahora se critica una acabada muestra del acercamiento de la institución hacia el resto de la sociedad comenzando por los niños y la familia en un todo acorde a las políticas más avanzadas y de uso común sobre seguridad pública practicada en otras latitudes con la llamada “policía comunitaria”, pretendidamente trasladada como idea nueva por los importadores de novedades, pero con el estigma argentino siempre presente de copiar pero copiando mal ya que dio como resultado el engendro que aquí se denominó “policía comunal”, otra cosa completamente distinta pero que en algún momento sirvió para el discurso?

Policía comunitaria o de acercamiento es la que normalmente participa por sus integrantes de actividades sociales propias de la comunidad, reúne vecinos para prevenir delitos y conocer sus problemas, y jóvenes para alertarlos sobre los peligros de la droga, el alcohol y las malas relaciones a través de charlas, y actividades de todo tipo que incluyen torneos deportivos, campamentos, bailes, visitas a las instalaciones policiales y juegos que permiten un verdadero y fructífero acercamiento.

Que falta le hubiera hecho al gobernador con veleidades presidenciales por lo menos interiorizarse de cuestiones principales sobre el tema antes de tomar medidas apresuradas por el susto que le produjo el aleteo del pajarraco de los tuertos derechos humanos argentinos, siempre atentos a despertar graznando ante cualquier circunstancia que pudiera servir de acercamiento entre uniformados y particulares como bien lo sabemos quienes conocemos aunque mas no sea algo sobre el tema. Que pobreza de espíritu, o como dice el tango “que atentado a la razón”

Ya sabemos de sobra y por experiencia en nuestra propia fuerza con destino a quienes va el golpe, en principio hacia la fuerza policial en busca de su destrucción y divorcio de la sociedad y como consecuencia inmediata en perjuicio de la sociedad misma al dañarse dicha relación y por ende atentar contra el sistema de seguridad mismo que la protege. La experiencia chubutense no hubiera permitido insistir con la mentira del “cuco” policial y que todo uniformado es malo y torturador en su esencia.

El des-profesionalismo de los cuadros policiales, el cierre de los institutos de formación policial y el bloqueo de todo intento de acercamiento de la fuerza con los particulares han sido una constante en nuestro país en los últimos años, con los resultados que ya sabemos, fue una práctica principal en la gestión en nuestra provincia del ex ministro Arslanián y su corte de seguidores incluyendo la destrucción en este caso, de nuestro querido Liceo Policial, único en su clase, y formador de excelentes ciudadanos que posteriormente se unieron a la fuerza policial o se convirtieron en distinguidos profesionales en todos los ramos, sintiendo siempre el orgullo de haber pasado por las filas de esta institución policial.

Ya el Liceo Policial se encuentra destruido, sus formadores y profesores diseminados, no existe mas este verdadero canal de relación entre la policía y la sociedad ya que muchos de sus ingresados incluso carecían de relación policial, también pronto será un recuerdo el excelente emprendimiento de la “policía infantil” de Chubut, aunque por suerte en otros distritos gobernados por funcionarios con algo más de coraje continúa.

Se ha cumplido el empeño de quienes necesitan subsistir en sus ideales atacando al uniformado o lo que represente, un grupo bastante grande de niños chubutenses ya no tienen donde entretenerse con seguridad no aprendiendo seguramente nada malo, un sacerdote católico ha sido castigado por su obra de bien y con seguridad también lo serán los camaradas que alentaron y posibilitaron la idea, los que sacrificaban sus horas de descanso por los niños, por la familia y por la institución, gracias a quienes seguramente ven con mejores ojos que es preferible alejar a esos menores de la fuerza del orden para posibilitar su futura utilización como piqueteros, barrabravas, punteros políticos o de organizaciones del tipo que cumplen sus objetivos arrojando piedras o atacando a los policías como forma primaria de destruir las instituciones del estado y debilitar a la sociedad para su mejor manejo interesado.

Pronto seguramente vendrán por los niños exploradores.
ACLARACIÓN: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.