Florencia Ilabaca, una joven de 23 años que viajaba en el tren del horror, tuvo que abrir un paréntesis en su rehabilitación para volver a caminar. Ella fue sometida a treinta operaciones para no perder una pierna y hoy es una pasajera más entre los casi 800 usuarios heridos que quedaron a la deriva luego del choque.
La pesadilla parece no tener fin. Luego de protagonizar un accidente con el que tiene pesadillas cada noche y de sufrir el dolor por la pérdida de un amigo, Florencia debió soportar múltiples intervenciones quirúrgicas, los vaivenes de la recuperación y hasta el abandono de quienes no quieren hacerse cargo de la tragedia.
Lo concreto es que, luego de que el Gobierno le quitara la concesión a TBA, operadora en ese momento del servicio que enlaza Once con Moreno, muchas de las víctimas del accidente dejaron de percibir la asistencia que le otorgaba la empresa y otras perdieron la posibilidad de entablar una mediación judicial para obtener un resarcimiento.
La joven marplatense viajaba hacia su lugar de trabajo (una tienda de ropa ubicada a metros de la porteña Plaza Miserere) en el primer vagón del ferrocarril Sarmiento que embistió contra la estación Once hace cinco meses y dejó como saldo centenares de heridos y 51 muertos.
Aquel 22 de febrero cambió su vida para siempre: inmediatamente después de la tragedia tuvo que soportar treinta cirugías para evitar que le amputaran su pierna izquierda, otras intervenciones menores en la extremidad derecha y una larga internación en el Hospital Pirovano.
Sus familiares debieron dejar su ciudad natal, Mar del Plata, para acompañarla, ya que durante su convalecencia perdió su trabajo y la vivienda que alquilaba en la zona oeste del conurbano.
“Hay noches que me vuelven las imágenes del accidente. Fue muy traumático y la verdad es que todavía no me recupero de ese día. Viajaba con dos amigos: Alan Meza, que aún está en rehabilitación y Federico Bustamante, que lamentablemente murió. Estuve varias horas atrapada entre los cuerpos, fue horrible”, contó Florencia.
En mayo fue dada de alta y desde entonces comenzó la rehabilitación con un equipo interdisciplinario del hospital del barrio porteño de Belgrano. Pero la semana pasada debió regresar a Mar del Plata porque su padre, Víctor, ya no podía pagar el hotel donde estaban alojados.
“Desde hace dos meses, cuando le quitaron la concesión a TBA, no tenemos apoyo económico. Por eso el miércoles prácticamente nos echaron del hotel al no poder pagarlo. Tengo $ 600 pesos de gastos de medicamentos por semana y Desarrollo Social sólo nos da $ 900 al mes. Por eso el dinero no alcanza” relató su papá.
Y agregó: “encima, mi hija necesita vendas siliconadas - dado que en la zona operada no tiene masa muscular - pero son insumos que no se consiguen por las trabas a las importaciones. Aún tenemos unas pocas que me trajo un familiar de Estados Unidos; caso contrario, no sé como cubriríamos su pierna lastimada”.
La suspensión de la asistencia también le impidió a Florencia ser atendida en el Instituto Fleni, un centro especializado de rehabilitación, donde tenía un tratamiento programado.
“Le hicieron estudios y ya tenía fecha de ingreso. Pero eso también se cortó. Igual estamos muy agradecidos a los profesionales del Pirovano que la atienden de mil maravillas e incluso le dan apoyo psicológico”, añadió el padre de Flor.
La chica, sin embargo, no oculta su malestar: “estamos demasiado complicados. No recibimos ayuda de nadie y tuve que suspender mi tratamiento a quince días de haber dejado las muletas. Ahora tengo una férula en la pierna y me traslado con la ayuda de un bastón. Estoy en la casa familiar de Mar del Plata pero sé que tengo que volver a continuar los ejercicios para poder caminar bien”.
Tampoco se olvida de los médicos que la ayudaron. “Sufrí bastante pero me ayudaron y me salvaron la pierna. Pero, por otro lado, no veo que otros sectores se acuerden del accidente. La quita de la concesión a TBA fue para tranquilizar a la gente. Pero no veo que nada haya cambiado. Me parece que se olvidaron del tema, de los sobrevivientes. Y se olvidan que si los trenes hubiesen funcionado bien, yo estaría trabajando y siguiendo mi vida con normalidad”, concluyó la joven.
Fuente: Diario Popular












