La Asociación Mundial de Medicina del Sueño instauró en 2008 el Día Mundial del Sueño, que desde entonces se celebra cada 15 de marzo. El objetivo es concientizar a la población acerca de la importancia de un buen descanso y de los problemas que generan los trastornos del sueño en la vida personal y en la sociedad.
La idea de establecer una fecha en particular surgió de la necesidad de destacar al sueño como un hábito saludable que, frecuentemente, se ve obstaculizado por las condiciones en las que vivimos. Además, se visualizó que elegir un día en el calendario sería útil para advertir a la población respecto de las bondades de un buen dormir, elemento fundamental para una mayor calidad de vida y salud.
Según la Asociación Mundial de Medicina del Sueño, hasta el 45 % de la población mundial sufre de trastornos del sueño. A raíz de esa situación, el asunto es considerado una epidemia global (pandemia), que provoca un gran impacto social, laboral, académico, y hasta se lo podría incluir entre los inconvenientes de incumbencia para la salud pública.
Aunque nos cueste imaginarlo, el problema afecta también al 25 % de los niños de todo el planeta, según señala el informe difundido por el Colegio de Médicos IX Distrito.
A modo didáctico, el médico psiquiatra Alejandro Bernabé divide los trastornos del sueño en tres grandes grupos:
1) aquellos en donde el problema radica en conciliar o mantener el sueño (Disomnias; por ejemplo, insomnio, narcolepsia, apnea del sueño, síndrome de las piernas inquietas, etc.)
2) aquellos en los que el problema es que, durante el sueño, sin una interrupción importante, se manifiestan trastornos de conducta (Parasomnias; por ejemplo, sonambulismo, pesadillas, terrores nocturnos, etc.)
3) aquellos en los que los problemas del sueño son secundarios a alguna otra enfermedad psiquiátrica u otro proceso médico (enfermedades neurológicas, pulmonares, cardíacas u otras menos comunes)
Luego, el doctor agregó: “el lema de este año hace referencia a que las condiciones psíquicas y físicas son influidas por un buen dormir a lo largo de toda nuestra existencia”.
Y explicó: “dado que pasamos hasta un tercio de nuestra vida durmiendo, podemos deducir el impacto que tiene sobre nuestra salud. Es más: la falta o mala calidad del sueño se asocian con problemas de salud a corto y mediano plazo. E incluso, se han relacionado estas condiciones con una gran variedad de alteraciones endócrinas, neurológicas, inmunológicas, enfermedades psíquicas y accidentes automovilísticos”.
Más adelante, Bernabé advirtió: “lo principal es saber que la mayor parte de los problemas para dormir pueden ser modificados por cambios en el comportamiento asociado”.
“Para dormir bien – recomendó - es bueno seguir las pautas higiénicas básicas, como fijar una hora para acostarnos y despertarnos, evitar siestas largas, evitar alcohol, cafeína y comidas copiosas antes de acostarnos, evitar hacer actividad física en horas cercanas a la pautada para el descanso nocturno y asegurarnos un lugar tranquilo, sin ruidos y con una buena temperatura para nuestro descanso nocturno”.
En idéntico sentido, continuó: “las dificultades que no pueden ser modificadas por estos cambios pueden ser consultadas con especialistas que nos darán una buena orientación para su correcto tratamiento”.
Luego, en tanto, recordó: “la importancia del buen descanso no es un concepto nuevo en salud. Ya en la antigüedad, Hipócrates lo destacaba. Si descansamos bien, en tiempo y calidad, nos aseguraremos un buen nivel de energía física y un buen rendimiento intelectual”.
“Por eso, la tendencia mundial actual de dormir cada vez menos trae un fuerte impacto sobre la salud. Y los estudios realizados en consecuencia afirman que los trastornos crónicos del sueño provocan un envejecimiento general precoz”, informó.
Asimismo, poco después, el profesional sostuvo: “en la esfera psíquica, dormir mal produce problemas de concentración, de memoria, de atención y escasa energía psíquica, pero también ocasiona irritabilidad, ansiedad, síntomas depresivos, disminución del bienestar general, falta de motivación, de entusiasmo y de ganas de socializar”.
La vida urbana nos ofrece un gran acceso a comodidades que facilitan nuestra vida. Sin embargo, sin querer, el mundo actual nos obliga, de alguna manera, a estar “siempre conectados” (TV, smartphones, PC, tablets, etc.), con lo cual, si no estamos suficientemente advertidos, los artefactos tecnológicos pueden comenzar a interferir en nuestro descanso reparador diario.
Sabemos que no solo es importante el tiempo que dedicamos a dormir sino también la calidad del sueño.
Todas las noches debemos pasar por varias etapas. Una de las más significativas se llama REM (Rapid Eye Movement); en este momento, el cerebro está con mucha actividad, por eso decimos que es un proceso activo y se cree que es el momento en que se consolida la información recibida durante el día y se fija en la memoria.
A los bebes les resulta fácil dormir; a los niños hay que educarlos en un contexto con buenas pautas para la futura higiene del sueño; los adolescentes creen que no necesitan dormir; los adultos queremos pero no tenemos tiempo y, por último, los viejos tienen tiempo para dormir pero no siempre lo logran.
En definitiva, junto a una buena dieta y una rutina de ejercicio frecuente, dormir bien es sin lugar a dudas una de las mejores maneras de mantenerse sano y feliz.












