Hay personas que buscan verse inmersas en una película, que nada ni nadie los interrumpa por el tiempo que dura la reproducción. Por eso, eligen verlas únicamente en el cine. Ahora, ¿qué pasa cuando las cosas fallan también en las salas?
Uno de los films más interesantes en el inicio del 2014 es “El lobo de Wall Street”, interpretada por Leonardo Di Caprio. Sin embargo, en la función de las 22.20 del viernes 3 el público se retiró furioso.
Es que en una de las salas del Cinema Center, ubicado en el Shopping de la calle Rivadavia, la película se cortó en tres oportunidades. Aún peor fue que el suceso ocurrió en uno de los clímax de la obra.
Como puede suceder con los DVD mientras se miran en un hogar, la historia se repitió en un cine, ante una película convocante, en Mar del Plata, en el medio de la temporada de verano. La historia se cortó una vez, se reanudó a los diez minutos, y tuvo dos interrupciones más que ocasionaron casi media hora de retraso y una bronca incontenible en el público.
Además, no hubo devolución del precio de la entrada que es de $48, ni siquiera el pedido de disculpas por parte de algún responsable de la empresa. Lo más simple sería culpar al operador de turno, pero no hubo voces para responder a los reclamos exaltados de la gente, ya que la función concluyó a las 2 de la mañana.
“Mañana vuelvo a quejarme”, sostuvieron algunos. “Parecen los cines de antes, que se cortaba a cada rato”, expresó otro de los afectados.
Lo cierto es que en el Cinema la película no pudo apreciarse. El enojo pudo más que el encanto. Sin embargo, un espectador un tanto más sereno logró darle forma a la historia: “Está buena; por momentos es fuerte. La actuación de Di Caprio cuanto es sobresaliente”.












