La actual presidenta de Brasil obtenía esta noche 41,29% de los votos válidos contra 33,89% del socialdemócrata. El 26 de octubre protagonizarán el balotaje.
Si bien la diferencia entre Rousseff y Neves aún no era irreversible, sí lo era la que separaba al socialdemócrata de la tercera, la ecologista Marina Silva, que con 21,07 por ciento de los sufragios quedó fuera del balotaje, según los datos publicados por el Tribunal Superior Electoral (TSE) en su sitio web.
Detrás se ubicaba Luciana Genro, del Partido Socialismo y Libertad (Psol), con 1,59 por ciento, y otros siete postulantes, ninguno de los cuales alcanzaba a uno por ciento.
La presidenta brasileña Dilma Rousseff y el socialdemócrata Aecio Neves protagonizarán el 26 de octubre un duelo entre los partidos que se reparten el poder desde hace 20 años, en un segundo turno electoral de imprevisible
desenlace.
Rousseff obtiene 41,29% de los votos y Neves 33,89%, mientras la ecologista Marina Silva, que se convirtió inesperadamente en presidenciable hace apenas un mes y medio y llegó a superar netamente a sus dos rivales, quedó tercera con 21,25%, según el Tribunal Superior Electoral (TSE), con 97% de los votos escrutados.
“¡Gracias Brasil!”, tuiteó un eufórico Neves, mientras Rousseff se apresta a pronunciar un discurso en el palacio presidencial.
En un segundo turno, Rousseff ganaría a Neves por 48% a 42%, indicó Datafolha el sábado, y por 45% contra 37% según Ibope.
Pero Neves, del poderoso Partido de la Socialdemocracia Brasileña de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), viene en ascenso, y además Silva puede pasar sus votos a Neves, lo que torna el desenlace imprevisible.
“Aecio Neves renació de las cenizas y llega con mucha fuerza a este segundo turno. Creo que Rousseff y Neves tienen 50% de posibilidades de ser electos. Será una campaña muy corta y muy intensa”, dijo a la AFP el analista André César, de la consultora Prospectiva en Brasilia.
En sus 12 años en el poder, el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) de Rousseff y su antecesor Luiz Inacio Lula da Silva logró que 40 millones de pobres ingresaran en la clase media, tornando a la primera mujer presidenta de Brasil en la gran favorita de estos comicios.
Pero millones de brasileños también reclaman un cambio, tras cuatro años de magro crecimiento en la séptima economía mundial -el mercado espera un PIB de apenas 0,3% este año-, elevada inflación (6,5%) y escándalos de corrupción vinculados al PT.
Neves, el preferido de los mercados, promete hacer que Brasil vuelva a crecer y atraer al capital privado poniendo fin al intervencionismo del gobierno en las empresas y bancos estatales como Petrobras y el BNDES.











