La comunidad católica de Mar del Plata dio inicio a la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos, presidida por el obispo Ernesto Giobando, quien centró su mensaje en la necesidad de volver a poner a Cristo en el eje de la vida personal y comunitaria, en un contexto atravesado por dificultades sociales y debates políticos.
Durante su homilía, Giobando se detuvo en el sentido del gesto de los ramos bendecidos, al señalar que “es un signo que a todos nos convoca”, pero advirtió que la celebración no puede quedarse en lo superficial. En ese marco, planteó interrogantes que apuntan a una vivencia más profunda: si la participación responde a una tradición o si realmente interpela la vida cotidiana de los fieles.
El obispo condujo luego su mensaje hacia el núcleo de la Pasión de Cristo, remarcando que el sufrimiento de Jesús “lo hace por nosotros”, lo que abre una dimensión de compromiso personal. “¿Qué voy a hacer por Él si Él tanto hizo por mí?”, planteó, en una pregunta que, leída en clave social, dialoga con un presente donde crecen las demandas de solidaridad y responsabilidad colectiva.
En otro tramo, Giobando destacó que la cruz “es la sabiduría que Dios nos invita a vivir”, una definición que cobra especial relevancia en medio de un escenario de incertidumbre económica, ajuste y tensiones políticas. Sin hacer referencias explícitas, el mensaje dejó entrever una invitación a transitar las dificultades con una mirada que priorice valores como la empatía, la esperanza y el compromiso con el otro.
Al evocar las actitudes de los discípulos, recordó las negaciones y abandonos, pero también puso en valor a quienes permanecieron junto a la cruz. “Esas mujeres no se borraron”, destacó, en una imagen que resuena en tiempos donde distintos sectores sociales reclaman mayor presencia y sensibilidad de la dirigencia.
Finalmente, el obispo advirtió sobre el riesgo de reducir la Pascua a lo simbólico o comercial, al remarcar que “no nos quedemos solo con el huevito”, sino que se comprenda su sentido profundo: la resurrección como horizonte de esperanza.
En el inicio de la Semana Santa, Giobando dejó así un mensaje que, además de espiritual, se proyecta sobre la realidad cotidiana, invitando a una reflexión que trasciende lo religioso y se inserta en el clima social y político actual.










