La Selección Argentina tuvo otro partido tan histórico como infartante este miércoles por la tarde: le dio vuelta la semifinal a Inglaterra con goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, le ganó 2 a 1 en el Mercedes-Benz Stadium, de Atlanta, y se metió en la gran final del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026.
Para obtener el bicampeonato, el defensor del título deberá enfrentar a España en el MetLife Stadium, de Nueva Jersey, a las 16 horas de Argentina. El último equipo en conseguir dos títulos mundiales consecutivos fue Brasil entre Suecia 1958 y Chile 1962.
El encuentro tuvo un comienzo más favorable a los ingleses, quienes priorizaron la posesión de la pelota y se pararon en campo argentino siempre que pudieron. Durante el primer cuarto de hora, el equipo de Thomas Tuchel, pese a no ser punzante ni muy peligroso de cara al arco de Emiliano Martínez, resultó una amenaza para el campeón del mundo.
La tensión reinó en Atlanta. Quedó claro que para ninguno de los dos fue solamente un partido de fútbol, porque hubo duelos personales y constantes a lo largo y ancho del terreno de juego, desnudando las carencias del árbitro estadounidense Ismail Elfath para llevar las riendas del encuentro.
Lo mejor que tuvo la Argentina fue el mediocampo. Enzo Fernández, en su mejor nivel hasta ahora en la Copa del Mundo; un sólido Leandro Paredes; un Giuliano Simeone que reemplazó en el once inicial nada menos que a Rodrigo De Paul, y que fue de mayor a menor. Los laterales Nahuel Molina y Nicolás Tagliafico estuvieron a la altura, más allá de algún foul innecesario.
Messi, cuando intervino en el juego, lo hizo casi siempre bien. Quizás intentó algún arranque en velocidad que, acaso por su edad, no pudo llevar a cabo de manera efectiva ante las buenas marcas de los británicos. Y Julián Álvarez, su compañero de ataque, tuvo que dedicarse más a presionar que a gestar ocasiones de gol, que dicho sea de paso fueron escasas en el primer período.
Por su parte, la esperanza de Inglaterra pasó por los pies de su número diez, Jude Bellingham. El hombre de Real Madrid, además de mostrarse comprometido con la marca, fue de lo más desequilibrante y generó problemas en la banda derecha de la Albiceleste. La mayoría de las veces, entre Molina y Simeone lo controlaron bien.
El complemento, aun con un doble intento de Álvarez que no prosperó, nuevamente tuvo a los británicos mejor plantados, y esta vez lo plasmaron en el marcador antes de los diez minutos, en una jugada rápida que encontró mal parada a la defensa argentina: un centro envenenado desde la derecha por parte de Morgan Rogers le llegó a Anthony Gordon, que solo tuvo que empujarla ante un Dibu Martínez que no pudo hacer mucho para evitar el 1 a 0 europeo.
A partir de ese momento el partido se terminó de romper. Argentina intentó no entorpecer sus ataques para buscar el empate, pero por momentos ese objetivo le fue esquivo. Unos instantes después, los cambios de Scaloni mejoraron las acciones ofensivas y todo fue de Messi y compañía. Jordan Pickford se lució con un par de intervenciones y hasta fue ayudado por su palo derecho tras un cabezazo casi perfecto de Alexis Mac Allister luego de un centro de De Paul.
Cuando parecía que el tramo final iba a entrar en el terreno del “como sea”, apareció Fernández. El mismo que le dio la clasificación al campeón frente a Egipto apareció en otro momento clave, pero esta vez para coronar uno de sus mejores partidos en el seleccionado. Recibió solo en la puerta del área y, por fin, venció la resistencia del arquero inglés para llevar el encuentro al alargue.
Y nuevamente este equipo tenía una bala más. Mac Allister volvió a pegar un tiro en el palo, pero en el centro posterior, que fue de Messi, el ingresado Lautaro Martínez tuvo su gol mundialista soñado. Cabeceó de frente y de lleno, y la puso en la red para el delirio absoluto de más de 45 millones de argentinos.
Los últimos minutos fueron para el infarto, pero Argentina lo sacó adelante. Defendió con el corazón, jugó con el alma y celebró la clasificación a su segunda final consecutiva en una Copa del Mundo. Esta vez no estará Francia, el rival va a ser España, justamente el verdugo de los galos en semifinales. La gran cita, el domingo que viene en Nueva York.












